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COMMENT
PASSENT UNE ÉPOQUE ET SA CHANCE On parle de
fossé entre les générations. À entendre aujourd’hui
les « jeunes » hurlant dans la rue « Nos retraites
! », et à écouter les enregistrements réalisés
par le « jeune » Guy Debord, dès l’année
1952, on se dit que ce n’est pas de fossé qu’il s’agit
mais d’abîme. |
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“Freedom only for the
supporters of the government, only for the members of one party – however
numerous they may be – is no freedom at all. Freedom is always
and exclusively freedom for the one who thinks differently. Not because
of any fanatical concept of ‘justice’ but because all that
is instructive, wholesome and purifying in political freedom depends
on this essential characteristic, and its effectiveness vanishes when ‘freedom’ becomes
a special privilege.”
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Nº DE PLACA ALEMANIA
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Se hace un silencio no del todo cómodo. En la pantalla del televisor, una chica morena y un tipo con unas gafas ridículas aparecen muy excitados porque alguien ha ganado una medalla y ha batido un récord de nosequé ostias. En la calle hace un calor de cojones. Dentro del bar, también, pero al menos no da el sol. Bebemos un sorbo de vino. Despacio. Muy despacio. No es que queramos paladear los aromas del recio tintorro de la casa. Es que no podemos pagar una segunda ronda. |
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Ésto es lo
que fomentan los franquistas de mierda que circulan a día de hoy
por su ¡eSSSSSSSSSSpaña! No os lo estáis creyendo,
os pensáis que es mentira, que no va a ocurrir, pero nos quieren
llevar de vuelta a la sección femenina, a besar anillacos y a la
misa obligatoria de los domingos aunque seas ateo (ya sabéis, aquello
de "familia que reza unida, permanece unida" de los tiempos de
aquél malo y pequeño ser que destrozó España,
al parecer, por muchos siglos). Nos están llevando a tiempos en los que la rivalidad provocada y los rencores personales fomentados con mentiras y más odio del que podemos imaginar a día de hoy, nos tenían divididos en una eSSSSSSSSpaña partida en dos que, por otro lado, se proclamaba: "unida, grande y libre" ¿Qué triste, no? ¿Unida? Sí, todos al unísono haciendo lo que a unos pocos sinvergüenzas se les antojaba. Y calladitos, ¿eh? Que si no te inflaban a mamporrazos! Y lo que era peor, a tus hijos los menospreciaban allá donde fueran. ¿Grande? Grande empezaba a serlo, contrariamente a lo que pasaba en aquellos años de miedo, miseria e ignorancia. Lo estaba siendo porque, en ella, cabían todas las razas, todas las culturas, todos los idiomas, todas las creencias... dejando a un lado los grupúsculos asquerosos que, desde la minoría, proclamaban sus asquerosas pretensiones nada solidarias y, desde luego, nada cristinanas ni humanitarias. ¿Libre? Libres no éramos en aquellos años y tampoco lo somos ahora y, ¿sabéis por qué? ¿Os habéis parado a pensar, en alguna ocasión, si hicimos una buena transición? Estoy segura que sí, al igual que yo misma. Nunca seremos libres si no somos capaces de erradicar por los siglos de los siglos, a éstos fascistas que generan, promueven y ensalzan los valores de la represión y de la sumisión para tener asegura la rendición y la pleitesía de los que ellos, desgraciados, consideran sus vasallos. ¿Sabéis a quién le debo obediencia, hijos de mala madre? A mí misma. No tengo amo, no tengo señor, no tengo dueño. Mi madre me parió libre y líbremente entró aire en mis pulmones. Y no hay nada, ¡pero nada! que justifique las diferencias que establecéis entre vosotros hijos de la crueldad y la injusticia y, nosotros. Somos iguales. Y os jodéis, porque tenéis, como todos nosotros, el corazón a la izquierda y, os seguís jodiendo, porque vuestra sangre es tan roja como la nuestra... ¡roja! ¿Entendéis? ¡¡Roja! Todo ésto, para denunciar públicamente a los hijos del mismísimo Belcebú que están encendiendo los ánimos entre su eSSSSSSSSSSpaña y los catalanes... No quiero terminar sin decir otra cosa: TODO EL MUNDO TIENE DERECHO A SENTIR Y A PENSAR LO QUE SU CORAZÓN LE DICTE así que, si hay catalanes que quieren independencia están en su derecho, nos guste más o no nos guste nada. Como si hay extremeños o murcianos con los mismos objetivos. Es justo, y es legítimo, siempre que sean las palabras lo que dirijan nuestros hechos y no las armas. Si el poco Honorable Sr. Mas está haciendo una política igual de nefasta o peor (si es que eso es posible), que el representante de todos los fascistas de eSSSSSSSSpaña, él será el culpable de lo que haga, al igual que el representante de los fascistas... y no los ciudadanos de Catalunya o del resto de España.. Los árboles están calcinados, hay víctimas humanas, los animales se queman junto con hectáreas de bosques que son patrimonio de todos, ¿os sentís contentos ante la desgracia ajena? Se ha abierto la veda para vosotros, ¿no? Váis con el rifle preparado para cargaros todos los valores de honradez, lealtad, sentido común y responsabilidad que llenan la cabeza y el corazón de las personas decentes. Espero, con toda la emoción del dolor lo digo, que no consigáis destrozar otra vez, a ésta España que está cansada de amos, reyes y señores... para que todos poco a poco, vayamos encontrando nuestro rinconcito en el mundo... allí donde nos encontrémos bien... sin banderas, sin consignas y sin doctrinas... A vosotros no os duele que Catalunya se queme, ni que se queme todo lo que hay en ella, pero a mí sí me duele que se os haya muerto el corazón. Y soy catalana. haciendo bolillos |
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DOY
FE: que así resulta de acta expresada y sus notas
marginales. En tiempo de los Apostóles había unos barbáros que se subían a los arbóles y se comían a los pajáros. |
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| I Desde el momento en que los obreros de nuestro país y de Rusia comenzaron a luchar valientemente contra el gobierno zarista y los explotadores, observamos que los curas en sus sermones se pronuncian con frecuencia cada vez mayor contra los obreros en lucha. El clero lucha con extraordinario vigor contra los socialistas y trata por todos los medios de desacreditarlos a los ojos de los trabajadores. Los creyentes que concurren a la iglesia los domingos y festividades se ven obligados a escuchar un violento discurso político, una verdadera denuncia del socialismo, en lugar de escuchar un sermón y encontrar consuelo religioso. En vez de reconfortaral pueblo, lleno de problemas y cansado de su vida tan dura, que va a la iglesia con su fe en el cristianismo, los sacerdotes echan denuestos contra los obreros que están en huelga y se oponen al gobierno; además, los exhortan a soportar su pobreza y opresión con humildad y paciencia. Convierten a la iglesia y al pulpito en una tribuna de propaganda política. Los obreros pueden comprobar fácilmente que el encono del clero hacia los socialdemócratas no es en modo alguno provocación de estos últimos. Los socialdemócratas se han impuesto la tarea de agrupar y organizar a los obreros en la lucha contra el capital, es decir, contra los explotadores que les exprimen hasta la última gota de sangre, y en la lucha contra el gobierno zarista, que mantiene prisionero al pueblo. Pero los socialdemócratas jamás azuzan a los obreros contra el clero, ni se inmiscuyen en sus creencias religiosas; ¡de ninguna manera! Los socialdemócratas del mundo y de nuestro país consideran que la conciencia y las opiniones personales son sagradas. Cada hombre puede sustentar la fe y las ideas que él cree son fuente de felicidad. Nadie tiene derecho a perseguir o atacar a los demás por sus opiniones religiosas. Eso piensan los socialistas. Y por esta razón, entre otras, los socialistas llaman al pueblo a luchar contra el régimen zarista, que viola continuamente la conciencia de los hombres al perseguir a católicos, católicos rusos, judíos, herejes y librepensadores. Son precisamente los socialdemócratas quienes más abogan por la libertad de conciencia. Parecería por tanto que el clero debería prestar ayuda a los socialdemócratas, que tratan de esclarecer al pueblo trabajador. Cuanto más comprendemos las enseñanzas que los socialistas le brindan a la clase obrera, menos comprendemos el odio del clero hacia los socialistas. Los socialdemócratas se proponen poner fin a la explotación de los trabajadores por los ricos. Cualquiera pensaría que los servidores de la Iglesia serían los primeros en facilitarles la tarea a los socialdemócratas. ¿Acaso Jesucristo (cuyos siervos son los sacerdotes) no enseñó que “es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja que los ricos entren en el reino de los cielos”? Los socialdemócratas tratan de imponer en todos los países un régimen social basado en la igualdad, libertad y fraternidad de todos los ciudadanos. Si el clero realmente desea poner en práctica el precepto “ama a tu prójimo como a tí mismo”, ¿por qué no acoge con agrado la propaganda socialdemócrata? Con su lucha desesperada, con la educación y organización del pueblo, los socialdemócratas tratan de sacarlos de su opresión y ofrecer a sus hijos un futuro mejor. A esta altura todos tendrían que admitir que los curas deberían bendecir a los socialdemócratas. ¿Acaso Jesucristo, a quien ellos sirven, no dijo “lo que hacéis por los pobres lo hacéis por mí”? En cambio vemos al clero por un lado excomulgar y perseguir a los socialdemócratas, y por el otro, ordenar a los obreros que sufran pacientemente, es decir, que permitan pacientemente que los capitalistas los exploten. El clero brama contra los socialdemócratas, exhorta a los obreros a no “alzarse” contra los amos, a someterse obedientemente a la opresión de este gobierno que mata a gentes indefensas, envía a millones de obreros a la monstruosa carnicería de la guerra, persigue a católicos, católicos rusos y “viejos creyentes”.58 Así el clero, al convertirse en vocero de los ricos, en defensor de la explotación y la opresión, se coloca en contradicción flagrante con la doctrina cristiana. Los obispos y curas no propagan la enseñanza cristiana: adoran el becerro de oro y el látigo que azota a los pobres e indefensos. Además, todos saben cómo los curas se aprovechan de los obreros; les sacan dinero en ocasión del casamiento, bautismo o entierro. ¿Cuántas veces sucede que un cura, llamado al lecho de un enfermo para administrarle los últimos sacramentos, se niega a concurrir hasta tanto se le pague su “honorario”? El obrero, presa de la desesperación, sale a vender o empeñar todo lo que posee con tal de que no les falte consuelo religioso a sus seres queridos. Es cierto que hay eclesiásticos de otra talla. Hay algunos llenos de bondad y compasión, que no buscan el lucro; éstos están siempre dispuestos a ayudar a los pobres. Pero debemos reconocer que son muy pocos, que son las moscas blancas. La mayoría de los curas, con sus caras sonrientes, se arrastran ante los ricos, perdonándoles con su silencio toda depravación, toda iniquidad. Otro es su comportamiento con los obreros; sólo piensan en esquilmarlos sin piedad; en sus severos sermones fustigan la “codicia” de los obreros, cuando éstos simplemente se defienden de los abusos del capitalismo. La flagrante contradicción que existe entre las acciones del clero y las enseñanzas del cristianismo debe ser materia de reflexión para todos. Los obreros se preguntan por qué, en su lucha por la emancipación, encuentran en los siervos de la Iglesia enemigos y no aliados. ¿Cómo es que la Iglesia defiende la riqueza y la explotación sangrienta en vez de ser un refugio para los explotados? Para comprender este fenómeno extraño basta echar un vistazo a la historia de la Iglesia y examinar su evolución a través de los siglos. II Los socialdemócratas quieren el “comunismo”; eso es principalmente lo que el clero les reprocha. En primer lugar es evidente que los curas que hoy combaten al “comunismo” en realidad combaten a los primeros apóstoles. Porque éstos fueron comunistas ardientes. Todos saben que la religión cristiana apareció en la antigua Roma, en la época de la decadencia del Imperio, que antes había sido rico y poderoso y comprendía lo que hoy es Italia y España, parte de Francia, parte de Turquía, Palestina y otros territorios. La situación de Roma en la época del nacimiento de Cristo era muy parecida a la que impera actualmente en la Rusia zarista. Por una parte, un puñado de ricos viviendo en la holgazanería y gozando de toda clase de lujos y placeres; por otra, una inmensa masa popular que se pudría en la pobreza; por encima de todos, un gobierno despótico, basado en la violencia y la corrupción, ejercía una opresión implacable. Todo el Imperio Romano estaba sumido en el desorden más completo, rodeado de enemigos amenazantes; la soldadesca desatada descargaba su crueldad sobre la población indefensa; el campo estaba desierto; las ciudades, sobre todo Roma, la capital, estaban plagadas de pobres que elevaban sus ojos, llenos de odio, a los palacios de los ricos; el pueblo carecía de pan y techo, ropas, esperanzas y la posibilidad de salir de la pobreza. Hay una sola diferencia entre la Roma decadente y el imperio del zar; Roma no conocía el capitalismo; la industria pesada no existía. En esa época el orden imperante era la esclavitud. Los nobles, los ricos, los financistas satisfacían sus necesidades poniendo a trabajar a los esclavos que las guerras les dejaban. Con el pasar del tiempo estos ricos se adueñaron de casi todas las provincias italianas quitándoles la tierra a los campesinos romanos. Al apropiarse de los cereales de las provincias conquistadas como tributo sin costo, invertían esas ganancias en sus propiedades, plantaciones magníficas, viñedos, prados, quintas y ricos jardines, cultivados por ejércitos de esclavos que trabajaban bajo el látigo del capataz. Los campesinos privados de su tierra y de pan fluían a la capital desde todas las provincias. Pero allí no se encontraban en mejor situación para ganarse la vida, puesto que todo el trabajo lo hacían los esclavos. Así se formó en Roma un numeroso ejército de desposeídos -el proletariado— carente inclusive de la posibilidad de vender su fuerza de trabajo. La industria no podía absorber a esos proletarios provenientes del campo, como ocurre hoy; se convirtieron en víctimas de la pobreza sin remedio, en mendigos. Esta gran masa popular, hambrienta y sin trabajo, que atosigaba los suburbios y los espacios abiertos y las calles de Roma, constituía un peligro permanente para el gobierno y las clases poseedoras. Por ello el gobierno se vio obligado a salvaguardar sus intereses aliviando su pobreza. De vez en cuando distribuía entre el proletariado maíz y otros comestibles almacenados en los graneros del Estado. Para hacerles olvidar sus penas les ofrecía espectáculos circenses gratuitos. A diferencia del proletariado contemporáneo, que mantiene a toda la sociedad con su trabajo, el inmenso proletariado romano vivía de la caridad. Los infelices esclavos, tratados como bestias, hacían todo el trabajo en Roma. En este caos de pobreza y degradación, el puñado de magnates romanos pasaba los días en orgías y en medio de la lujuria. No había salida para esta monstruosa situación social. El proletariado se quejaba, y de vez en cuando amenazaba con iniciar una revuelta, pero una clase de mendigos, que vive de las migajas que caen de la mesa del señor, no puede iniciar un nuevo orden social. Los esclavos que con su trabajo mantenían a toda la sociedad estaban demasiado pisoteados, demasiado dispersos, demasiado aplastados por el yugo, tratados como bestias, y vivían demasiado aislados de las demás clases como para poder transformar la sociedad. A menudo se alzaban contra sus amos, trataban de liberarse mediante batallas sangrientas, pero el ejército romano aplastaba las revueltas, masacraba a miles de esclavos y crucificaba a otros tantos. En esta sociedad putrefacta, donde el pueblo no tenía salida de su trágica situación, ni esperanzas de una vida mejor, los infelices volvieron su mirada al cielo para encontrar allí la salvación. La religión cristiana aparecía ante estos infelices como una tabla de salvación, un consuelo, un estímulo y se convirtió, desde sus comienzos, en la religión del proletariado romano. De acuerdo con la situación material de los integrantes de esta clase, los primeros cristianos levantaron la consigna de la propiedad común: el comunismo. ¿Qué podía ser más natural? El pueblo carecía de los medios de subsistencia y moría de hambre. Una religión que defendía al pueblo; que exigía que los ricos compartan con los pobres los bienes que debían pertenecer a todos; una religión que predicaba la igualdad de todos los hombres, tenía que lograr gran éxito. Sin embargo, nada tiene en común con las reivindicaciones que hoy levantan los socialdemócratas con el objetivo de convertir en propiedad común los instrumentos de trabajo, los medios de producción, para que la humanidad pueda vivir y trabajar en armonía. Hemos visto que los proletarios romanos no vivían de su trabajo sino de las limosnas del gobierno. De modo que la consigna de propiedad colectiva que levantaban los cristianos no se refería a los bienes de producción sino a los de consumo. No exigían que la tierra, los talleres y las herramientas se convirtieran en propiedad colectiva, sino simplemente que todo se dividiera entre ellos, casa, comida, ropas y todos los productos elaborados necesarios para vivir. Los comunistas cristianos se cuidaban bien de averiguar el origen de estas riquezas. El trabajo productivo recaía siempre sobre los esclavos. Los cristianos sólo deseaban que los que poseían la riqueza abrazaran el cristianismo y convirtieran sus riquezas en propiedad común para que todos gozaran de estas cosas en igualdad y fraternidad. Así estaban organizadas las primeras comunidades cristianas. Un contemporáneo escribió: “Esta gente no cree en la fortuna, sino que predica la propiedad colectiva y ninguno de ellos posee más que los demás. El que quiere entrar en su orden debe poner su fortuna como propiedad común. Es por ello que no existe entre ellos pobreza ni lujos: todos poseen todo en común como hermanos. No viven en una ciudad propia, pero en cada ciudad tienen casa para ellos. Si cualquier extranjero perteneciente a su religión llega allí, comparten con él toda su propiedad, y él puede beneficiarse de la misma como si fuese propia. Aunque no se conocieran hasta entonces, le dan la bienvenida y son todos muy fraternales entre ellos. Cuando viajan no llevan sino un arma para protegerse de los ladrones. En cada ciudad tienen su administrador, quien distribuye ropas y alimentos entre los viajeros. No existe el comercio entre ellos. Pero si uno le ofrece a otro un objeto que éste necesita recibe algún otro objeto a cambio. Pero cada cual puede exigir lo que necesita, aun sin tener con qué retribuir.” En los “Hechos de los apóstoles” leemos lo siguiente acerca de la primera comunidad de Jerusalén: “Nadie consideraba que lo suyo le pertenecía; todo era poseído en común. Los que poseían tierras o casas, después de venderlas traían lo obtenido para colocarlo a los pies de los apóstoles. Y a cada uno se le daba de acuerdo a sus necesidades.” En 1780 el historiador alemán Vogel escribió lo mismo acerca de los primeros cristianos: “Según las reglas, todo cristiano tenía derechos sobre la propiedad de los demás cristianos de la comunidad; en caso de necesidad, podía exigir que los más ricos dividieran su fortuna y la compartieran con él según sus necesidades. Todo cristiano podía utilizar la propiedad de sus hermanos; los que poseían algo no tenían derecho a privar a sus hermanos de su utilización. Así, el cristiano que no tenía casa podía exigirle al que tuviera dos o tres que lo recibiera; el dueño se guardaba solamente su propia vivienda. Debido a la utilización común de los bienes había que darle casa al que no la tuviera.” Se colocaba el dinero en una caja común y un miembro de la sociedad, especialmente designado para este propósito, repartía entre todos la fortuna común. Habían eliminado, por lo tanto, la vida familiar; todas las familias cristianas de una ciudad vivían juntas, como una sola gran familia. Para terminar, digamos que algunos curas atacan a los socialdemócratas diciendo que abogamos por la comunidad de las mujeres. Es obvio que ésta es una mentira enorme, producto de la ignorancia o del encono del clero. Los socialdemócratas lo consideran una distorsión vergonzosa y bestial del matrimonio. Y sin embargo esta práctica era común entre los primeros cristianos. III Así, los cristianos de los primeros siglos eran comunistas fervientes. Pero era un comunismo basado en el consumo de bienes elaborados y no en el trabajo y se demostró incapaz de reformar la sociedad, de poner fin a la desigualdad entre los hombres y de derribar las barreras que separaban a los pobres de los ricos. Porque, al igual que antes, las riquezas creadas por el trabajo volvían a un grupo restringido de poseedores, ya que los medios de producción (sobre todo la tierra) seguían siendo propiedad individual y el trabajo -para toda la sociedad- lo seguían haciendo los esclavos. El pueblo, privado de los medios de subsistencia, sólo recibía limosnas, según la buena voluntad de los ricos. Mientras que algunos (un puñado, en relación con la masa popular) posean para su uso exclusivo las tierras cultivables, bosques y prados, animales de labranza y aperos, talleres, herramientas y materiales para la producción, y mientras los demás la inmensa mayoría, no posea los medios indispensables para la producción, ni hablarse puede de igualdad entre los hombres. En esa situación la sociedad se encuentra dividida en dos clases, ricos y pobres, los que viven en el lujo y los que viven en la pobreza. Supongamos, por ejemplo, que los propietarios ricos, influidos por la doctrina cristiana, ofrecieran repartir entre los pobres la riqueza que poseen en dinero, granos, fruta, ropa y animales. ¿Cuál sería el resultado? La pobreza desaparecería durante varias semanas y en ese lapso la población podría alimentarse y vestirse. Pero los productos elaborados se gastan en poco tiempo. Pasado un breve lapso el pueblo habría consumido las riquezas distribuidas y quedaría nuevamente con las manos vacías. Los dueños de la tierra y de los medios de producción producirían más, gracias a la fuerza de trabajo de los esclavos, y nada cambiaría. Bien, he aquí por qué los socialdemócratas discrepan con los comunistas cristianos. Dicen: “No queremos que los ricos compartan sus bienes con los pobres; no queremos caridad ni limosna; nada de ello puede borrar la desigualdad entre los hombres. Lo que exigimos no es que los ricos compartan con los pobres, sino la desaparición de ricos y pobres.” Ello es posible bajo la condición de que todas las fuentes de riqueza, la tierra, junto con los demás medios de producción y herramientas, pasen a ser propiedad colectiva del pueblo trabajador, que producirá según las necesidades de cada uno. Los primeros cristianos creían poder remediar la pobreza del proletariado con las riquezas dispensadas por los poseedores. ¡Eso es lo mismo que sacar agua con un colador! El comunismo cristiano era incapaz de cambiar o mejorar la situación económica, y no prosperó. Al principio, cuando los seguidores del nuevo Salvador constituían sólo un pequeño sector en el seno de la sociedad romana, el compartir los bienes y las comidas y el vivir todos bajo un mismo techo era factible. Pero a medida que el cristianismo se difundía por el imperio, la vida comunitaria de sus partidarios se hacía más difícil. Pronto desapareció la costumbre de la comida en común y la división de bienes tomó otro cariz. Los cristianos ya no vivían como una gran familia; cada uno se hizo cargo de sus propiedades y sólo se ofrecía a la comunidad el excedente. Los aportes de los más ricos a las arcas comunes, al perder su carácter de participación en la vida comunitaria, se convirtieron rápidamente en simple limosna, puesto que los cristianos ricos dejaron de participar de la propiedad común y pusieron al servicio de los demás sólo una parte de lo que poseían, porción que podía ser mayor o menor según la buena voluntad del donante. Así, en el corazón mismo del comunismo cristiano surgió la diferencia entre ricos y pobres, diferencia análoga a la que imperaba en el Imperio Romano, y a la que habían combatido los primeros cristianos. Pronto los únicos participantes en las comidas comunitarias fueron los cristianos pobres y los proletarios; los ricos cedían una parte de su riqueza y se apartaban. Los pobres vivían de las migajas que les arrojaban los ricos y la sociedad volvió rápidamente a ser lo que había sido. Los cristianos no habían cambiado nada. Los Padres de la Iglesia prosiguieron sin embargo la lucha contra esta penetración de la desigualdad social en el seno de la comunidad cristiana, fustigando a los ricos con palabras ardientes y exhortándolos a volver al comunismo de los primeros apóstoles. San Basilio, en el siglo IV después de Cristo, predicaba así contra los ricos: “Infelices, ¿cómo os justificaréis ante el Juez Celestial? Me preguntáis, ‘¿cuál es nuestra culpa, si sólo guardamos lo que nos pertenece?’ Yo os pregunto, ¿cómo conseguisteis lo que llamáis vuestra propiedad? ¿cómo se enriquecen los poseedores si no es tomando posesión de las cosas que pertenecen a todos? Si cada uno tomara lo que necesitare y dejare el resto para los demás, no habría ricos ni pobres.” Quien más predicó el retorno de los cristianos al primitivo comunismo de los apóstoles fue San Juan Crisóstomo, patriarca de Constantinopla, nacido en Antioquía en el 347 y muerto en el exilio, en Armenia, en el 407. Este célebre pastor, en su Undécima Homilía sobre los “Hechos de los apóstoles”, dijo: “Y reinaba entre ellos la caridad; entre ellos (los apóstoles) nadie era pobre. Nadie consideraba que lo suyo le pertenecía, toda la riqueza era propiedad común [...] reinaba una gran caridad entre todos ellos. Esta caridad consistía en que no había pobres entre ellos, hasta tal punto aquellos que poseían bienes se apresuraban a despojarse de los mismos. No dividían su fortuna en dos partes, entregando una y guardando para sí la otra; daban lo que tenían. De modo que no había desigualdad entre ellos; todos vivían en la abundancia. Todo se hacía con la mayor reverencia. Lo que daban no pasaba de la mano del dador a la del receptor; lo que daban lo hacían sin ostentación; ponían sus bienes a los pies de los apóstoles, que eran los administradores y los amos y utilizaban los bienes como cosa comunitaria y no privada. Con ello ponían coto a cualquier intento de caer en la vanagloria. ¡Ay! ¿Por qué se han perdido estas tradiciones? Ricos y pobres, todos nos beneficiaríamos con esta piadosa conducta y todos derivaríamos el mismo placer de conformarnos a ella. Los ricos, al despojarse de sus posesiones, no se empobrecerían, y los pobres se enriquecerían [...] Pero intentemos dar una idea exacta de lo que habría que hacer [...] “Supongamos —y que ni ricos ni pobres se alarmen pues se trata de una mera suposición- supongamos que vendemos todo lo que nos pertenece y ponemos todo el producto de la venta en un pozo común. ¡Qué cantidad de oro tendríamos! No sé cuánto, exactamente, pero si todos, sin distinción de sexo, trajeran sus tesoros, si vendieran sus campos, sus propiedades, sus casas —no hablo de esclavos porque no los había en la comunidad cristiana, y los que llegaban a ella se convertían en hombres libres- si todos hicieran eso, digo, tendríamos cientos de miles de libras de oro, millones, sumas inmensas. “¡Pues bien! ¿Cuánta gente, creéis, vive en esta ciudad? ¿Cuántos cristianos? ¿Estáis de acuerdo en que son cien mil? El resto son judíos y gentiles. ¿Cuántos no se unirían? Contad los pobres, ¿cuántos son? A lo sumo cincuenta mil necesitados. ¿Cuánto requeriría su alimentación diaria? Calculo que el gasto no sería excesivo, si se organizara la distribución y provisión comunitaria de los alimentos. “Acaso preguntaréis: ‘¿Qué será de nosotros cuando esta riqueza sea consumida?’ ¿Qué? ¿Acaso ello ocurriría? ¿Acaso la gracia de Dios no se multiplicaría por mil? ¿No estaríamos creando un cielo en la tierra? Si esta comunidad de bienes existía entre cinco mil fieles con tan buenos resultados como la desaparición de la pobreza, ¿qué no lograría una multitud tan grande? Y entre los mismos paganos, ¿quién no acudiría a incrementar el tesoro común? La riqueza en manos de unas pocas personas se pierde más fácil y rápidamente; la distribución de la propiedad es la causa de la pobreza. Tomemos el ejemplo de un hogar compuesto por un hombre, su mujer y diez hijos; la mujer carda la lana, el hombre aporta su salario; ¿en qué caso gastan a más esta familia, viviendo juntos o separados? Es obvio que si vivieran separados. Diez casas, diez mesas, diez sirvientes y diez asignaciones especiales de dinero si los hijos vivieran separados. ¿Qué hacéis los que poseéis numerosos esclavos? ¿No es cierto, acaso, que para disminuir los gastos los alimentáis a la misma mesa? La división origina pobreza; la concordia y la unidad de las voluntades origina riquezas. En los monasterios se vive como en los primeros tiempos de la Iglesia. ¿Quién muere allí’ de hambre? ¿Quién no tiene allí’ suficiente alimento? ¡Sin embargo los hombres de nuestro tiempo sienten mayor temor ante ese tipo de vida que ante el peligro de caer al mar! ¿Por qué no lo hemos intentado? Lo temeríamos menos. ¡Qué cosa buena sería! Si un puñado de fieles, apenas ocho mil, osaron en un mundo donde sólo había enemigos tratar de vivir en forma comunitaria, sin ayuda exterior, ¿cuánto mejor podríamos hacerlo hoy, cuando hay cristianos en todo el mundo? ¿Quedaría un solo gentil? Creo que ninguno. Atraeríamos a todos a nuestra causa.” San Juan Crisóstomo pronunció en vano estos ardientes sermones. Los hombres no trataron de imponer el comunismo en Constantinopla, ni en ningún otro lugar del mundo. A medida que el cristianismo se difundía, y pasaba a ser en Roma después del siglo IV la religión dominante, los fieles se alejaban cada vez más del ejemplo de los primeros apóstoles. Dentro de la propia comunidad cristiana se acrecentaba la desigualdad en la posesión de bienes. En el siglo VI, nuevamente, Gregorio Magno dijo: “De ninguna manera basta con no robar la propiedad ajena; erráis si guardáis la riqueza que Dios creó para todos. Quien no da a los demás lo que posee, es un asesino, un homicida; cuando guarda para sí lo que podría dar a los pobres, puede decirse que mata a quienes podrían haber vivido de esa abundancia; cuando compartimos con los que sufren, no les damos lo que nos pertenece sino lo que les pertenece. No es un acto de compasión, sino el saldo de una deuda’’. Estos llamados no rindieron frutos. Pero la culpa de ninguna manera recae sobre los cristianos de aquellas épocas, quienes respondían mucho mejor a las palabras de los Padres de la Iglesia que los cristianos contemporáneos. No es la primera vez en la historia de la humanidad que las condiciones económicas resultan más poderosas que los más bellos discursos. El comunismo, esta comunidad de consumidores de bienes que proclamaron los primeros cristianos, no podía existir sin el trabajo comunitario de toda la población, la propiedad común de la tierra y de los talleres. No fue posible en la época de los primeros cristianos iniciar el trabajo comunitario (con medios de producción comunitarios) porque, como ya hemos dicho, el trabajo no lo realizaban los nombres libres sino los esclavos, marginados de la sociedad. El cristianismo no se propuso abolir la desigualdad entre el trabajo de los hombres, ni entre su propiedad. Por eso fracasaron sus esfuerzos por suprimir la distribución desigual de bienes de consumo. Las voces de los Padres de la Iglesia que proclamaban el comunismo encontraban cada vez menos eco. Rápidamente esas voces se volvieron más espaciadas, hasta desaparecer completamente. Los Padres de la Iglesia dejaron de predicar la comunidad y división de los bienes, porque el crecimiento de la comunidad cristiana provocó cambios fundamentales en la propia Iglesia. IV Al principio, cuando la comunidad cristiana era pequeña, no existía un clero en el sentido estricto del término. Los fieles, reunidos en una comunidad religiosa independiente, se unían en cada ciudad. Elegían un responsable de dirigir el culto de Dios y realizar los ritos religiosos. Cualquier cristiano podía ser obispo o prelado. Era una función electiva, susceptible de ser revocada, ad honorem y sin más poder que el que la comunidad estaba dispuesta a otorgarle libremente. A medida que se incrementaba el número de fieles y las comunidades se volvían más numerosas y ricas, administrar los negocios de la comunidad y ejercer un puesto oficial se volvió una ocupación que requería mucho tiempo y dedicación. Puesto que los funcionarios no podían realizar estas tareas y dedicarse al mismo tiempo a sus ocupaciones, surgió la costumbre de elegir entre los miembros de la comunidad un eclesiástico que se dedicaba exclusivamente a dichas funciones. Por tanto, estos empleados de la comunidad debían recibir una compensación por su dedicación exclusiva a los negocios de ésta. Así se formó en el seno de la Iglesia una nueva casta de empleados, separada del común de los fieles: el clero. Paralelamente a la desigualdad entre ricos y pobres, surgió la desigualdad entre clero y pueblo. Los eclesiásticos, elegidos al comienzo entre sus iguales para cumplir una función temporaria, se elevaron rápidamente a la categoría de una casta que dominaba al pueblo. Cuanto más numerosas se volvían las comunidades cristianas en el inmenso Imperio Romano, más sintieron los cristianos, perseguidos por el gobierno, la necesidad de unirse para cobrar fuerzas. Las comunidades, dispersas por todo el territorio del Imperio, se organizaron en una Iglesia única. Esta unificación ya era una unificación del clero y no del pueblo. Desde el siglo IV los eclesiásticos de las diversas comunidades se reunían en concilios. El primer concilio se reunió en Nicea en el 325. Así se formó el clero, sector aparte y separado del pueblo. Los obispos de las comunidades más fuertes y ricas pasaron a dominar los concilios. Es por eso que el obispo de Roma se colocó rápidamente a la cabeza del conjunto de la cristiandad y se convirtió en Papa. Así surgió un abismo entre el pueblo y el clero dividido jerárquicamente. Al mismo tiempo, las relaciones económicas entre el pueblo y el clero sufrieron cambios profundos. Antes de la creación de esta orden, todo lo que los miembros ricos de la Iglesia aportaban al fondo común era propiedad de los pobres. Después, gran parte de los fondos empezaron a ser utilizados para pagarle al clero que administraba la Iglesia. Cuando, en el siglo IV, el gobierno comenzó a proteger a los cristianos y a reconocer que su religión era la dominante, cesaron las persecuciones, los ritos ya no se celebraron en catacumbas ni en casas modestas sino en iglesias cuya magnificencia era cada vez mayor. Estos gastos redujeron aun más las sumas destinadas a los pobres. Ya en el siglo V los haberes de la Iglesia se dividían en cuatro partes: una para el obispo, la segunda para el clero inferior, la tercera para la manutención de la Iglesia y la cuarta para su distribución entre los pobres. La población cristiana pobre recibía, por tanto, una suma igual a la que el obispo tenía para él solamente. Con el pasar del tiempo se perdió la costumbre de asignar a los pobres una suma determinada de antemano. Por otra parte, a medida que aumentaba la importancia del clero superior, los fieles perdían el control sobre las propiedades de la Iglesia. Los obispos dispensaban limosna a los pobres a voluntad. El pueblo recibía limosna de su propio clero. Y eso no es todo. En los comienzos de la cristiandad los fieles hacían ofrendas según su buena voluntad. A medida que la religión cristiana se convertía en religión de Estado, el clero exigía que tanto los pobres como los ricos hicieran aportes. Desde el siglo VI el clero impuso un impuesto especial, el diezmo (la décima parte de la cosecha) a pagar a la Iglesia. Este impuesto cayó como una carga pesadísima sobre las espaldas del pueblo; en la Edad Media se convirtió en un verdadero infierno para los campesinos oprimidos por la servidumbre. Este diezmo se imponía a cada pedazo de tierra, a cada propiedad. Pero era el siervo quien lo pagaba con su trabajo. Así los pobres no sólo perdieron el socorro y la ayuda de la Iglesia, sino que vieron cómo los curas se aliaban a los demás explotadores: -los príncipes, nobles y prestamistas. En la Edad Media, mientras la servidumbre reducía al pueblo trabajador a la pobreza, la Iglesia se enriquecía cada vez más. Además del diezmo y otros impuestos, la Iglesia se benefició en este periodo con grandes donaciones, legados de libertinos ricos de ambos sexos, quienes a último momento querían pagar por su vida pecaminosa. Entregaban a la Iglesia dinero, casas, aldeas enteras con sus siervos y a menudo la renta de las tierras y los impuestos en trabajo (corvea). De esta manera la Iglesia adquirió riquezas enormes. Al mismo tiempo el clero dejó de ser el “administrador” de la riqueza que la Iglesia le había confiado. Declaró abiertamente en el siglo XII, en una ley que, dijo, provenía de las Sagradas Escrituras, que la riqueza de la Iglesia no pertenece a los pobres sino al clero y, sobre todo, a su jefe, el Papa. Por tanto los puestos eclesiásticos eran la mejor posibilidad de gozar de una buena renta. Cada eclesiástico disponía de la propiedad de la Iglesia como si fuera propia y la legaba a sus propios parientes, hijos y nietos. Así se consumó el pillaje de los bienes de la Iglesia, que quedaron en manos do los familiares de los clérigos. Por esa razón los papas se proclamaron soberanos de la fortuna de la Iglesia y ordenaron el celibato sacerdotal, para impedir la dispersión de su patrimonio. El celibato se decretó en el siglo XI, pero se lo puso en práctica recién en el siglo XIII, debido a la oposición del clero. Para impedir aun más la dispersión de la riqueza de la Iglesia, en 1297 el Papa Bonifacio VIII prohibió a los eclesiásticos entregar sus rentas a legos sin permiso papal. Así la Iglesia llegó a acumular riquezas inmensas, sobre todo en tierras fértiles, y el clero de los países cristianos se convirtió en el más rico de los propietarios terratenientes. ¡En algunos casos poseía un tercio o más de todas las tierras del país! Los campesinos no sólo pagaban impuestos en trabajo (corvea), sino también el diezmo, en tierras de príncipes y nobles y en las tierras inmensas pertenecientes a obispos, arzobispos, párrocos y conventos. Entre los señores feudales más poderosos, la Iglesia apareció como el más grande explotador. Por ejemplo, en Francia, a fines del siglo XVIII, antes de la Gran Revolución, el clero era dueño de la quinta parte de las tierras de ese país, con una renta anual de aproximadamente cien millones de francos. Los diezmos sumaban veintitrés millones. Con esta suma engordaban a 2.800 prelados y obispos, 5.600 superiores y priores, 60.000 párrocos y curas y a los 24.000 monjes y 36.000 monjas que pueblan los conventos. Este ejército de curas estaba exento del pago de impuestos y del servicio militar. En momentos de “calamidades” —guerra, mala cosecha, epidemia- la Iglesia pagaba al fisco un impuesto “voluntario” que jamás excedía los 16.000 francos. El clero privilegiado formaba con la nobleza una clase dominante que vivía de la sangre y el sudor de los siervos. La jerarquía eclesiástica, los puestos mejor pagos, sólo eran accesibles a los nobles y quedaban en manos de la nobleza. A consecuencia de ello, en la época de la servidumbre el clero fue el aliado fiel de la nobleza, la apoyaba y la ayudaba a oprimir al pueblo, al cual no le brindaba sino sermones donde lo exhortaba a ser humilde y resignarse a su suerte. Cuando el proletariado rural y urbano se alzaba contra la opresión y la servidumbre, encontraba en el clero un enemigo feroz. Es cierto que en el seno de la Iglesia misma existían dos clases: el clero superior, que absorbía toda la riqueza, y la gran masa de curas rurales cuyos modestos ingresos no sumaban más de doscientos a quinientos francos al año. Esta clase sin privilegios se alzaba contra el clero superior, y en 1789, durante la Gran Revolución, se unió al pueblo para luchar contra el poder de la nobleza secular y eclesiástica. V Así se fueron modificando las relaciones entre la Iglesia y el pueblo en el curso de los siglos. La cristiandad se inició como mensaje de consuelo para los desheredados y oprimidos. Creó una doctrina para combatir la desigualdad social y el antagonismo entre ricos y pobres; enseñó la comunidad de la riqueza. Rápidamente este templo de igualdad y fraternidad se convirtió en fuente de nuevos antagonismos sociales. Al abandonar la lucha contra la propiedad privada que habían librado los primeros apóstoles, el clero se dedicó a amasar fortunas; se alió a las clases poseedoras que vivían de la explotación de las masas trabajadoras. En épocas feudales la Iglesia era miembro de la clase dominante, la nobleza, y defendía con pasión el poder de ésta contra la revolución. A fines del siglo XVIII y comienzos del XIX los pueblos de Europa central liquidaron la servidumbre y los privilegios de la nobleza. En ese momento la Iglesia se volvió a aliar con las clases dominantes: la burguesía industrial y comercial. Hoy la situación es distinta y el clero ya no posee grandes extensiones de tierras, pero tiene capitales a los que trata de hacer productivos mediante la explotación del pueblo en el comercio y la industria, como hacen los capitalistas. La Iglesia Católica de Austria poseía, según sus propias cifras, un capital de más de 813 millones de coronas, de las cuales 300 millones consistían en tierras para el cultivo, 387 millones en bonos y había prestado con intereses 70 millones a industriales y comerciantes. De esa manera la Iglesia se ha adaptado a los tiempos modernos, transformándose de señor feudal en capitalista de la industria y el comercio. Al igual que antes, colabora con la clase que enriquece a costillas del proletariado rural e industrial. Este cambio es más notable aun en la organización de los conventos. En algunos países como Alemania y Rusia los claustros católicos fueron cerrados hace mucho tiempo. Pero en los países donde todavía existen, como en Francia, Italia y España, todo corrobora el papel importantísimo que desempeña la Iglesia en el régimen capitalista. En la Edad Media los conventos eran refugios del pueblo. Este se refugiaba allí de la crueldad de señores y príncipes; allí encontraba alimentos y protección en casos de extrema pobreza. Los claustros no negaban pan y alimentos a los hambrientos. No debemos olvidar que la Edad Media no conocía el comercio que es corriente en nuestros días. Cada granja, cada convento producía en abundancia lo que necesitaba, gracias al trabajo de siervos y artesanos. Sucedía a menudo que las reservas no encontraban salida. Cuando había excedente de maíz, vegetales, leña, éste carecía de valor. No había comprador y no todos los productos podían conservarse. En estos casos los conventos proveían generosamente a las necesidades de los pobres, dándoles en el mejor de los casos una pequeña porción de lo que les habían sacado a sus siervos. (Esta era la costumbre de la época y casi todas las granjas pertenecientes a la nobleza hacían lo mismo.) Para los conventos esta benevolencia era una fuente de ganancias; con su reputación de abrir sus puertas a los pobres, recibían grandes regalos y herencias de los ricos y poderosos. Con el surgimiento del capitalismo y la producción para el cambio cada objeto adquirió un precio y se volvió intercambiable. En este momento acabaron las buenas acciones de los conventos, las casas de los señores y la Iglesia. El pueblo perdió su último refugio. Esta es, entre otras, la razón por la cual, en los inicios del capitalismo, en el siglo XVIII, cuando los obreros aún no se hallaban organizados para defender sus intereses, apareció una pobreza tan impresionante que parecía que la humanidad había regresado a la decadencia del Imperio Romano. Pero mientras que la Iglesia Católica de los viejos tiempos trató de ayudar al proletariado romano predicando el comunismo, la igualdad y la fraternidad, en la etapa capitalista actuó de manera completamente distinta. Trató sobre todo de sacar ganancias de la pobreza del pueblo, de la mano de obra barata. Los conventos se convirtieron en infiernos de explotación capitalista, peores aun porque hacían trabajar a mujeres y niños. El juicio contra el Convento del Buen Pastor en 1903 en Francia fue un ejemplo notable de estos abusos. Había niñas de doce, diez y nueve años, obligadas a trabajar en condiciones abominables, arruinando su vista y su salud, mal alimentadas y sometidas a un régimen carcelario. En la actualidad casi todos los conventos franceses están cerrados y la Iglesia ya no tiene posibilidad de explotar directamente. Asimismo el diezmo, azote de los campesinos, fue abolido hace mucho. Ello no le impide al clero exprimirle dinero a la clase obrera mediante otros métodos, sobre todo misas, casamientos, entierros y bautismos. Y los gobiernos que apoyan al clero obligan al pueblo a pagarle tributo. Además en todos los países, salvo Estados Unidos y Suiza, donde la religión es un asunto personal, la Iglesia le saca al Estado sumas enormes que provienen, obviamente, del trabajo del pueblo. Por ejemplo, en Francia los gastos del clero suman 40 millones de francos anuales. En síntesis, el trabajo de millones de explotados garantiza la existencia de la Iglesia, el gobierno y la clase capitalista. Las estadísticas de los ingresos de la Iglesia, antes refugio de los pobres, en Austria, dan una idea de su riqueza. Hace cinco años (o sea, en 1900) sus ingresos anuales sumaban 60 millones de coronas, y sus gastos no excedían los 35 millones. Así, en un año “ahorraba” 25 millones, a costillas del sudor y la sangre de los trabajadores. He aquí’ algunos detalles sobre esa suma: El Arzobispado de Viena, con un ingreso anual de 300.000 coronas y gastos no mayores de la mitad de esa suma, “ahorró” 150.000. El capital fijo de ese arzobispado suma alrededor de 7 millones de coronas. El Arzobispado de Praga posee un ingreso de más de medio millón y gastos de alrededor de 300.000; su capital es de casi 11 millones. El Arzobispado de Olomouc (Olmutz) tiene ingresos de más de medio millón y gastos por alrededor de 400.000. Su fortuna asciende a 14 millones. El clero inferior, que tanto se lamenta de su pobreza, explota a la población en igual medida. Los ingresos anuales de los párrocos austríacos suman más de 35 millones, los gastos sólo 21 millones y como resultado los “ahorros” de los curas párrocos suman 14 millones anuales. Las propiedades parroquiales ascienden a más de 450 millones. Por último, los conventos hace cinco años poseían, deducidos los gastos, una “entrada neta” de cinco millones anuales. Estas riquezas se acrecentaban con los años, mientras que la pobreza de los trabajadores explotados por el capitalismo y el Estado se acrecentaba todos los años. En nuestro país y en todos los demás la situación es idéntica a la de Austria. VI Después de haber pasado revista a la historia de la Iglesia, no nos puede sorprender que el clero apoye al zar y a los capitalistas contra los obreros revolucionarios que luchan por un futuro mejor. Los obreros conscientes, organizados en el Partido Social Demócrata, luchan por convertir la idea de la igualdad social y la fraternidad entre los hombres en una realidad, lo que alguna vez fue la causa de la Iglesia cristiana. Pero la igualdad es irrealizable en una sociedad basada en la esclavitud o la servidumbre; puede realizarse en nuestra época de capitalismo industrial. Lo que los apóstoles cristianos no lograron con encendidos discursos contra el egoísmo de los ricos, lo pueden lograr los proletarios modernos, los obreros conscientes de su situación como clase, en un futuro cercano, conquistando el poder político en todos los países, arrancando las fábricas, las tierras y todos los medios de producción de manos de los capitalistas para convertirlos en propiedad comunitaria de los trabajadores. El comunismo por el que luchan los socialdemócratas no consiste en dividir entre los mendigos, los ricos y los ociosos la riqueza producida por esclavos y siervos sino el trabajo comunitario honesto y el goce de los frutos comunes de dicho trabajo. El socialismo no es la generosidad de los ricos con los pobres sino la abolición total de las diferencias entre ricos y pobres, obligando a todos a trabajar según su capacidad mediante la abolición de la explotación del hombre por el hombre. Para implantar el orden socialista los obreros se organizan en el partido obrero, el Partido Social Demócrata, que persigue este fin. Y es por ello que la socialdemocracia y el movimiento obrero suscitan el odio feroz de las clases poseedoras que viven a costillas de los trabajadores. Las riquezas inmensas amasadas por la Iglesia sin esfuerzo de su parte provienen de la explotación y pobreza del pueblo trabajador. La riqueza de arzobispos y obispos, conventos y parroquias, la riqueza de los dueños de las fábricas y de los conventos y parroquias, la riqueza de los dueños de las fábricas y de los comerciantes y terratenientes, se consigue al precio de los esfuerzos inhumanos de los obreros urbanos y rurales. ¿Cuál puede ser el origen de los presentes y legados que los señores ricos dejan a la Iglesia? No es, obviamente, el trabajo de sus manos y el sudor de sus frentes, sino la explotación de los obreros que trabajan para ellos; siervos ayer, obreros asalariados hoy. Además, la subvención que el Estado le otorga al clero proviene en su mayor parte de los impuestos que pagan las masas populares. El clero, al igual que la clase capitalista, vive a costillas del pueblo, saca ganancias de la degradación, ignorancia y opresión del pueblo. El clero y los parásitos capitalistas odian a la clase obrera organizada, consciente de sus derechos, que lucha por la conquista de sus libertades. La abolición del desgobierno capitalista y la instauración de la igualdad entre los hombres serían un golpe mortal para el clero, que subsiste debido a la explotación y la pobreza. Pero, sobre todas las cosas, el socialismo quiere garantizarle a la humanidad la felicidad real y honesta acá abajo, educar lo más posible al pueblo y asegurarle el primer puesto en la sociedad. Los sirvientes de la Iglesia temen esta felicidad como a la misma plaga. Los capitalistas moldearon a martillazos los cuerpos de los trabajadores, forjaron sus cadenas de pobreza y esclavitud. Junto con ello el clero, para ayudar a los capitalistas y servir a sus propios intereses, encadena la mente del pueblo a la más crasa ignorancia, porque bien sabe que la educación significaría el fin de su poder. Pues bien, el clero falsifica las primeras enseñanzas del cristianismo, cuyo objeto era brindar la felicidad terrena a los humildes, trata hoy de convencer a los trabajadores de que el sufrimiento y la degradación que soportan no son producto de una estructura social defectuosa, sino del cielo, de la voluntad de la “providencia”. Así la Iglesia mata la esperanza del obrero, su fuerza, su deseo de un futuro mejor, su fe y su amor propio. Los curas de hoy, con sus enseñanzas falsas y venenosas, perpetúan la ignorancia y degradación del pueblo. He aquí algunas pruebas irrefutables. En países donde el clero católico ejerce gran poder sobre las mentes de las masas, por ejemplo en España e Italia, el pueblo está sumido en la más profunda ignorancia. Florecen allí la bebida y el crimen. Por ejemplo, comparemos las provincias alemanas Bavaria y Sajonia. Bavaria es una provincia agrícola cuya población sufre la influencia preponderante del clero católico. Sajonia es una provincia industrializada donde los socialdemócratas desempeñan un gran papel en la vida de los trabajadores, ganan las elecciones parlamentarias en la mayoría de los distritos, una de las razones por las que la burguesía odia esta provincia socialdemócrata “roja”. ¿Y con qué nos encontramos? Las estadísticas oficiales demuestran que la cantidad de crímenes cometidos en la Bavaria ultracatólica es relativamente mucho más elevada que en la “Sajonia roja”. En 1898, de cada 100.000 habitantes, observamos: Robo a mano armada: En Bavaria: 204 - En Sajonia: 185 Asalto calificado: En Bavaria: 296 - En Sajonia: 72 Perjurio: En Bavaria: 4 - En Sajonia: 1 La situación es casi idéntica cuando comparamos Possen, dominada por los curas, con Berlín, donde la influencia de los socialdemócratas es mayor. En Possen, en el curso de un año, vemos 232 casos de asalto calificado por cada 100.000 habitantes, en Berlín sólo 172. En la Ciudad Papal de Roma, en un solo mes de 1869 (penúltimo año del poder temporal del Papa), se dictaron las siguientes condenas: 279 por homicidio, 728 por asalto calificado, 297 por robo y 21 por incendio. Estos son los resultados del dominio del clero sobre el pueblo. Esto no significa que el clero incite al pueblo al crimen. Todo lo contrario: en sus sermones los curas denuncian el hurto, el robo, la embriaguez. Pero los hombres no hurtan, roban o se emborrachan porque les guste. Lo hacen por su pobreza o ignorancia. Por lo tanto, el que perpetúa la ignorancia y pobreza del pueblo, el que aplasta su energía y voluntad para salir de esa situación, el que pone obstáculos en el camino de quienes quieren educar al proletariado, es tan responsable de los crímenes como si fuese su cómplice. La situación era parecida hasta hace poco en las zonas mineras de la Bélgica católica. Los socialdemócratas fueron allá. Por todo el país resonó su vigoroso llamado a los obreros, infelices y degradados: “¡Obrero, levántate! ¡No robes, no bebas, no desesperes, no agaches la cabeza! ¡Únete a tus hermanos de clase en la organización, lucha contra los explotadores que te maltratan! ¡Saldrás de la pobreza, serás un hombre!” Así, en todas partes los socialdemócratas levantan al pueblo y fortalecen a quienes han perdido las esperanzas, unen a los débiles en una poderosa organización. Abren los ojos de los ignorantes y les enseñan el camino de la igualdad, la libertad y el amor al semejante. En cambio, los servidores de la Iglesia sólo llevan al pueblo palabras de humillación y desaliento. Y si Cristo reapareciera hoy sobre la tierra seguramente atacaría a los curas, obispos y arzobispos que defienden a los ricos y explotan a los desgraciados, así como antes atacó a los mercaderes, a quienes echó del templo para que su innoble presencia no manchara la Casa del Señor. Por eso se libra una batalla sin cuartel entre el clero, sostén de la opresión, y los socialdemócratas, voceros de la liberación. No se puede considerar este combate como si lo libraran la noche oscura y el sol naciente. Porque al no poder combatir al socialismo con la inteligencia y la verdad, los curas tienen que recurrir a la violencia y la maldad. Estos judas calumnian a quienes despiertan la conciencia de clase. Con mentiras y calumnias tratan de manchar la memoria de quienes dieron sus vidas por la causa obrera. Estos sirvientes y adoradores del becerro de oro apoyan y aplauden los crímenes del gobierno zarista y defienden el trono de este déspota que oprime al pueblo como otro Nerón. Pero os agitáis en vano, siervos degenerados de Cristo que os habéis convertido en siervos de Nerón. En vano ayudáis a quienes nos asesinan, en vano protegéis a los explotadores del proletariado bajo el signo de la cruz. Vuestras crueldades y calumnias no pudieron impedir en el pasado el triunfo de la idea cristiana, idea que hoy habéis sacrificado al becerro de oro: hoy vuestros esfuerzos no obstaculizarán la marcha del socialismo. Hoy sois vosotros, vuestras mentiras y enseñanzas, los paganos, y nosotros quienes predicamos entre los pobres y explotados la fraternidad y la igualdad. Somos nosotros quienes marchamos a la conquista del mundo, como antes aquel que dijo que es más fácil que un camello atraviese el ojo de una aguja que un rico entre en el reino de los cielos. VII Dos palabras para terminar. El clero posee dos armas para combatir a la socialdemocracia. En los lugares en que el movimiento obrero empieza a cobrar fuerzas, como es el caso de nuestro país, donde las clases poseedoras tienen la esperanza de aplastarlo, el clero combate a los socialistas con sermones, calumniándolos y denunciando la “codicia” de los trabajadores. Pero en los países donde hay libertades democráticas y el partido obrero es fuerte, como en Alemania, Francia, Holanda, el clero busca otros métodos. Oculta sus verdaderos propósitos y no enfrenta a los obreros como enemigo sino como amigo falso. Así se puede ver a los curas organizando a los obreros en sindicatos “cristianos”. Así tratan de atrapar a los peces en la red, atraer a los obreros a la trampa de esos sindicatos falsos, donde se enseña humildad, a diferencia de las organizaciones socialdemócratas, cuyo objetivo es que los obreros luchen y se defiendan. Cuando el gobierno zarista caiga bajo los golpes del proletariado revolucionario de Polonia y Rusia, cuando la libertad política exista en nuestro país, veremos al mismísimo arzobispo Popiel y a los curas que echan denuestos contra los activistas empezar repentinamente a organizar a los obreros en asociaciones “cristianas” y “nacionales” para engañarlos. Ya vemos los comienzos de la actividad solapada de la “democracia nacional”, que asegura a los curas su colaboración futura y los ayuda hoy a calumniar a los socialdemócratas. Por eso los obreros deben estar advertidos del peligro para no permitir que los engañen, en la mañana de la victoria de la revolución, con palabras melosas, los que hoy desde el pulpito osan defender al gobierno zarista, que mata obreros, y al aparato represivo del capital, causa principal de la pobreza del proletariado. Para defenderse en la actualidad del antagonismo del clero durante la revolución y contra su falsa amistad de mañana, después de la revolución, es necesario que los obreros se organicen en el Partido Social Demócrata. Y ésta es la respuesta a los ataques del clero: la socialdemocracia de ninguna manera combate a los credos religiosos. Por el contrario, exige total libertad de conciencia para todo individuo, y la mayor tolerancia para cada fe y opinión. Pero, desde el momento en que los curas utilizan el púlpito como medio de lucha política contra la clase obrera, los obreros deben combatir a los enemigos de su derecho y su liberación. Porque el que defiende a los explotadores y el que ayuda a perpetuar este régimen de miseria es el enemigo mortal del proletariado, ya vista sotana o uniforme de la policía. |
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La principal ventaja que
acarrearía
la implantación del Socialismo es, sin duda, la de relevarnos
de la sórdida necesidad de vivir para otros que, en el actual estado
de cosas, tanto presiona sobre casi todos. En realidad, casi nadie escapa
a ella.
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-------------------------------- Una sociedad que no ha llegado aún a hacerse homogénea
y que no se determina a sí misma, sino que está determinada cada
vez más por una parte de sí misma que se sitúa
por encima y al margen de ella, ha desarrollado un movimiento de dominación
de la naturaleza que no se ha dominado a sí mismo. El capitalismo
ha aportado finalmente, por su propio movimiento, la prueba de que ya
no es capaz de seguir desarrollando las fuerzas productivas, y no
en un sentido cuantitativo, como muchos habían creído
entender, sino cualitativo. |
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PALABROTASHola.
El mundo, generalmente, no se acaba. Y el apocalipsis, como saben todos
los niños y niñas, no existe. Existe lo mejor y lo peor.
Y las palabras para describir la mejoría y el empeoramiento. El
caso de la cosa, la madre del cordero, lo que les/me explico estos días,
es que esas palabras, zas, han sido raptadas. O ni eso. Fueron abandonadas
por sus papas y han sido acogidas y reeducadas por sus papas adoptivos.
Que obviamente, pusieron a las palabras sus apellidos. Verbigracia: las palabras libertad y democracia. Como todo el mundo sabe, son la pera. Es preferible pegar a mamá que a esas dos palabras. En 20 años en los USA, y en menos de 10 en España, han cambiado completamente de significado. Aluden a un sistema económico y a una lectura gore de la manera de fabricar política en él. Con libertad y democracia se ha invadido así Irak, sin utilizar ninguna de las palabras que, hasta hace un plis-plas, se utilizaban en el trance de ocupar un país. En España, con el pack libertad-democracia, y con palabras asociadas, como constitución, igualdad, solidaridad, no-nacionalismo, se han fabricado leyes extrañas, y se han emitido políticas absolutamente esencialistas, ultra-nacionalistas y excluyentes, por utilizar 3 sinónimos. La gestión de tales palabras ha sido tal que no ha habido oposición a las políticas fabricadas con ellas. O, al menos, no ha habido manera de cuestionar leyes y comportamientos amparados en los palabros libertad, democracia, constitución, igualdad, solidaridad y no-nacionalismo, sin que, aparentemente, la vecina te viera como un anti-todo eso |
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A los jóvenes Pyotr Kropotkin
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La propia naturaleza de los errores de los situacionistas - expuestos y criticados por ellos mismos sin ninguna piedad - es una confirmación de sus métodos. Sus fracasos sirven, tanto como sus logros, para enfocar, clarificar y polarizar. Ninguna otra corriente radical en la historia ha conocido un grado semejante de debate teórico, público y deliberado. En el viejo movimiento proletario, la polarización teórica consiguiente era siempre la excepción, la explosión que contradecía finalmente las intenciones de los propios teóricos, y un último recurso cuando se veía que era imposible seguir manteniendo una unidad ficticia. Marx y Engels no se disociaron públicamente del programa de Gotha porque "los asnos de los periódicos burgueses tomaron este programa muy en serio, leyeron lo que no contiene y lo interpretaron de forma comunista; y los trabajadores parecen haber hecho lo mismo" (Engels a Bebel, 12 de octubre de 1985). Así, al apoyar mediante el silencio un programa frente a sus enemigos, lo defendían igualmente contra sus amigos. Cuando Engels decía en la misma carta que "si hubiese un sólo individuo con espíritu crítico en la prensa burguesa, habría desmontado este programa frase por frase, habría analizado el contenido real de cada afirmación, demostrado su sinsentido con la mayor claridad y revelado sus contradicciones y sus gazapos económicos... hubiese puesto terriblemente en ridículo a nuestro partido", describía como un defecto de la prensa burguesa lo que más bien era precisamente un defecto del movimiento revolucionario de su tiempo. |
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| Estos liberales, como digo, mal llamados neoliberales, puesto que se les debería de llamar neonazis o neofascistas económicos, lo único que buscan es la ruina del estado para llenar sus bolsillos, primero cobrando directamente de él y segundo adjudicando, si puede ser sin proceso competitivo, los servicios públicos a empresas conocidas cuando no directamente de familiares. El grave problema del déficit hoy día de las comunidades y de los ayuntamientos, es la falta de rigor y la falta total de una política rigurosa moderna y realista de recursos |
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Como es preceptivo, el Gobierno ha presentado, al finalizar septiembre, el proyecto de PGE para 2013 y así dar comienzo, durante octubre, al debate parlamentario y lo ha hecho siendo fiel a su estrategia de manipulación, mentiras, maquillaje, ocultación, guardándose cartas bajo la manga hasta que pasen las elecciones políticas en Galicia, Euskadi, Catalunya. FULL FROM ISTANBUL |
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Cuando
la gente tiene algún
problema que resolver, prefiere el camino fácil al "tedioso" sistema
democrático [los consejos
de representantes]. Hoy, las preguntas ‘¿Por qué ir a esta reunión, a esta asamblea? ¿Por qué ser militante cuando mi vida objetiva está ya tan llena de restricciones?’ todavía siguen siendo el obstáculo principal para el obrero y el uso popular de una política democrática de la cual el profesionalismo electoral y los partidos del Capital hayan sido erradicados. Mao presenta una solución clásica: la parte eficaz sólo puede ser orgánicamente realizada si el vínculo entre reuniones y acciones es patente. Se debe encontrar un órgano de poder popular en las condiciones del movimiento: [Habrá un poder del pueblo] cuando su eficacia quede demostrada en la lucha revolucionaria y cuando las masas comprendan que es el sistema que mejor moviliza a sus fuerzas y el que más contribuye a su lucha. |
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Una de las
contradicciones de la burguesía en la fase de liquidación
es, pues, el hecho de respetar el principio de la creación intelectual
y artística: oponerse a estas creaciones y después hacer
uso de ellas. Ha de mantener en la minoría el sentido de la crítica
y la investigación, pero bajo la condición de orientar
esta actividad hacia disciplinas utilitarias estrictamente fragmentadas,
y romper la conjunción de la crítica y la investigación.
En el dominio de la cultura, la burguesía se esfuerza en invertir
el gusto de lo nuevo, que en nuestra época le resulta peligroso,
hacia ciertas formas degradadas de novedad, inofensivas y confusas. Los
mecanismos comerciales que dominan la actividad cultural dividen las
tendencias de vanguardia en fracciones que pueden controlar, una vez
restringidas por el conjunto de las condiciones sociales. La gente que
destaca en estas tendencias son admitidas generalmente a título
individual, al precio de las negaciones que se imponen. El punto capital
del debate es siempre la renuncia a una reivindicación general
y la aceptación de un trabajo fragmentario, susceptible de diversas
interpretaciones. Lo que da al término "vanguardia" -a
fin de cuentas siempre manejada por la burguesía- algo de sospechoso
y ridículo. |
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| Sigan ustedes sabiendo que mucho más temprano que tarde de nuevo abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre para construir una sociedad mejor | ||||||
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 cette fin, la Section Madrid s'est réunie à la Place Tirso de Molina et ha rédigé ce manifeste qui exige : I II III IV V VI VII Madrid, 20.05.2011 [Estambul, 29.09.2012; Juan Asís]
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Serge Reggiani |
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AUTOGESTIONA TU PROPIA HUELGA Así pues, la convocatoria de huelga debe hacerse tras una asamblea
de los trabajadores en la que se señale como punto único
en el orden del día la decisión
de la convocatoria de una huelga, y en la que se decida por mayoría
simple en una votación secreta.
Pero no existe ningún requisito legal que exija una participación
mínima de los trabajadores ni un
tanto por ciento de voto favorable a la huelga sobre el total de los trabajadores. |
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La crisis de legitimidad de las instituciones del Estado Estamos hoy viendo un creciente malestar, tanto en España como en Catalunya (donde se añade al tema social el tema nacional), que está cuestionando la viabilidad del sistema político fruto de la Transición. Como era de esperar, las fuerzas conservadoras, incluyendo las derechas (aunque también se incluyen voces importantes de las izquierdas), están tomando la Constitución (que sintetizó el desequilibrio de fuerzas durante la Transición) como el texto sagrado que hay que respetar. Es lógico que los movimientos de protesta anti-establishment consideren tal Constitución como una camisa de fuerza que obstaculiza los necesarios cambios que deben realizarse para resolver tanto el problema social como el problema nacional. Las encuestas señalan que la mayoría de la ciudadanía cuestiona la representatividad de las instituciones del Estado, percibiendo tal Estado como una componenda de las élites que dominan los dos partidos mayoritarios, influenciados por poderes financieros y económicos que están imponiendo políticas que nadie ha aprobado en el proceso electoral. De ahí su enorme crisis de legitimidad, que tales élites todavía no han percibido o entendido. Y es lógico y muestra de salud democrática que tales movimientos antiestablishments quieran cambios. Creerse que la Constitución refleja la libre voluntad de los españoles es ignorar el deseo existente entre la población, en aquel periodo, de terminar con la dictadura, al coste que fuera. Pero las nuevas generaciones, educadas en un mayor nivel de exigencia democrática, no ven la Constitución y la estructura de poder que refleja, con los mismos ojos que sus antecesores. Éstos últimos, al votar la Constitución, mostraron su hartazgo con la dictadura. La agitación social actual a lo largo del territorio español, muestra hoy el hartazgo hacia el establishment español, basado en Madrid, y su Constitución, que perciben que no responde a sus necesidades. |
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Los que ahora mandan nacieron y maduraron en un país enjaulado, al margen del resto del mundo, en una dictadura que aniquiló toda cabeza pensante, a todo artista destacado… que sumió a un país con las voces más creativas del mundo en un silencio sepulcral… el entorno era ideal para que toda clase de paletos codiciosos lograran lo que justamente solo deberían alcanzar los abnegados de la justicia, la cultura y la ciencia. Décadas de sequía mimaron con labios rotos los famélicos intelectos de estos que ahora pretenden poner cercos pueblacheros a nuestras ansias de universalidad. |
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Abres tus alas al viento atómico, que te propulsa de regreso al futuro, una entidad que viaja en el tiempo recorriendo las escurriduras del siglo XX, una maleta espacial, tal vez un ángel alienígena, asomándote a la profunda garganta de un millón de catástrofes. PRETENSIONES pantallazo de un millónmillón de máquinas conscientes arde brillante ORGULLO usuarios atrapados en el bombardeo estático de las líneas A la palabrería la alienta la administración de correos, que, ¡ay!, se perfecciona, alentada por la compañía de tabacos, las compañías de ferrocarriles, los hospitales, las empresas funerarias, las fábricas de tela. A la palabrería la alienta la cultura de las familias. A la palabrería la alientan los dineros de papá mirando sin ver la descarga que garabatea en sus retinas calcinadas más grande, más fuerte, más profundo que todos los demás. Queridos cofrades: un gran hombre, uno pequeño, fuerte, débil, profundo, superficial, he ahí por qué reventarán todos ustedes. Existe gente que antedató sus manifiestos para hacer creer que tuvo un poco antes la idea de su propia grandeza. Mis queridos cofrades: antes después, pasado futuro, ahora ayer, he ahí por qué reventarán. convulso en un éxtasis epiléptico come código y muere Mis queridos cofrades: bueno malo, religión poesía, mente escepticismo, definición definición, he ahí por qué reventarán todos ustedes, y reventarán, yo se lo juro. El inteligente se ha convertido en un tipo completo, normal. Lo que nos hace falta, lo que es de interés, lo que es raro porque posee las anomalías de un ser precioso, la frescura y la libertad de los grandes antihombres, es EL IDIOTA Succionado, absorbido por un vórtice de banalidad. Acabas de perderte el siglo XX. Estás al borde del milenio, ¿cuál?, ¿eso qué importa? La falta de jarreteras que lo hace agacharse sistemáticamente nos recuerda la famosa falta de sistema que en el fondo no existió nunca. La falsa noticia fue lanzada por una lavandera en el pie de su página, la página fue llevada al país bárbaro donde los colibríes la hacen de sandwichmen de la naturaleza cordial. Esto me lo contó un relojero que tenía en su mano una jeringa flexible que llamó, en recuerdo característico de los países tórridos, flemática e insinuante. Lo cautivador es la mezcla de fundidos. El contagio ardoroso de la fiebre del milenio funde lo retro con lo posmo, catapultando cuerpos con órganos hacia la tecnotopía.... donde el código dicta el placer y satisface el deseo. Applets primorosos engalanan mi garganta. Soy una cadena binaria. Soy puro artificio. Lee mi memoria de sólo lectura. Cárgame en tu imaginación pornográfica. Escríbeme. señores señoras compren entren compren y no lean verán a quien tiene en sus manos la llave del niágara el hombre que cojea en una caja los hemisferios en una valija la nariz encerrada en un farolillo chino verán verán verán la danza del vientre en el sabon de massachussets aquél que clava el clavo y el neumático se desinfla las medias de seda de la señorita atlántida la maleta que le da 6 vueltas al mundo para hallar el destinatario señor y su prometida su hermano y su cuñada hallarán ustedes la dirección del carpintero el reloj de sapos el nervio como plegadera tendrán la dirección del alfiler menor para el sexo femenino y del que proporciona las fotos obscenas al rey de Grecia así como la dirección de la action française. La identidad se descomprime polimorfa y se infiltra en el sistema desde la raíz. Partes de un no-todo innombrable cortocircuitan los programas de reconocimiento de código empujando a los agentes de vigilancia, convulsos en un ataque de pánico esquizofrénico, con un colocón de terror, a una hiperunidad frenética que vomita millones de bits de datos corruptos. Maquillar la vida en el binóculo -frazada de caricias- panoplia para mariposas, -he ahí la vida de las camareras de la vida. ¿Qué tiene el nuevo milenio que ofrecer a las sucias masas sin módem? ¿Agua potable a gogó? La simulación tiene sus límites. ¿Están los artistas de las naciones oprimidas en una agenda paralela? ¿No será sólo seleccción natural? Acostarse en una navaja de afeitar y sobre pulgas en celo - viajar en barómetro - mear como un cartucho - cometer errores, ser idiota, ducharse con minutos santos - ser golpeado, ser siempre el último - gritar lo contrario de lo que dice el otro - ser la sala de redacción y de baños de dios que cada día se da un baño en nosotros en compañía del pocero. La red es la niña salvaje, zorra/mutante, partogenética del Gran Papá Mainframe. La niña se nos va de las manos, Kevin, es el sistema sociopático emergente. Encierren a sus hijos, amordaza a la zorra con cinta aislante y métele una rata por el culo. Ser inteligente - respetar a todo el mundo - morir en el campo de honor - suscribirse a la Deuda Exterior - votar por Fulano - el respeto por la naturaleza y la pintura - aullar en las manifestaciones -he ahí la vida de los hombres. Estamos al borde de la locura y ruge la marabunta de vándalos. Amplía mi fenotipo, baby, dame un poco de ese mágico java negro y caliente del que siempre andas pavoneándote. (Ya tengo el módem entre las piernas). Los defensores del extropianismo estaban equivocados, hay algunas cosas más allá de las cuales no se puede trascender. aúlla aúlla aúlla aúlla aúlla aúlla
aúlla aúlla aúlla aúlla aúlla El placer está en la de-materialización. La de-evolución del deseo. Somos el accidente maligno que cayó en tu sistema mientras dormías. Y cuando despiertes, terminaremos con tus falsas ilusiones digitales, secuestrando tu impecable software. Tus dedos exploran mi red neural. El cosquilleo que sientes en las yemas son mis sinapsis respondiendo a tu contacto. No es química, es electricidad. Deja de toquetearme. Hace unos días estaba yo en una reunión de imbéciles. Había mucha gente. Todo el mundo era encantador. No dejes nunca de toquetear mis agujeros supurantes, ampliando mis fronteras, pero en el ciberespacio no hay fronteras Todos ustedes son encantadores, muy agudos, ingeniosos y deliciosos. PERO EN EL ESPIRALESPACIO NO HAY ELLOS sólo hay *nosotros* Intentando escapar de lo binario entro en la cromozona, que no es una XXYXXYXXYXXYXXYXXYXXYXXYXXYXXYXXYXXYXXYXX engatúsame, machihémbrame, mapea mi genoma ABANDONADO a imagen de tu proyecto ¡No más borrachos! ¡No más aeroplanos! ¡No más vigor! ¡No más vías urinarias! ¡Basta de enigmas! implícame artificialmente El "pistilo de la pistola" nos ha metido con frecuencia en situaciones bizarras y agitadas. Desordenar el sentido -desordenar las nociones y todas las pequeñas lluvias tropicales de la desmoralización, desorganización, destrucción, carambolas, son acciones aseguradas contra la pólvora y de utilidad pública reconocida quiero vivir eternamente Yo le contesté: TIENES RAZÓN idiota / príncipe PORQUE YO ESTOY CONVENCIDO DE LO contrario / tártaro naturalmente titubeamos NO TENEMOS razón. Me llamo / ganas de comprender LO OTRO cárgame en tu brillante, brillante futuro de PVC CHÚPAME EL CÓDIGO Yo mantengo todas las convenciones -suprimirlas sería crear nuevas convenciones, lo cual nos complicaría la vida de una manera verdaderamente repugnante. Sujeto X dice que la trascendencia se encuentra en el límite de los mundos, donde ahora y entonces, aquí y allá, texto y membrana hacen impacto. Un gran filósofo canadiense ha dicho: El pensamiento y el pasado también son muy simpáticos. Donde la verdad se esfuma Donde nada es cierto No hay mapas El límite es NO CARRIER/NO HAY LÍNEA, la súbita conmoción de la falta de contacto, intentar tocar y encontrar una piel fría... ¿Acaso ya no debe creer uno en las palabras? ¿Desde cuándo expresan lo contrario de lo que el órgano que las emite piensa y quiere? (piensa, quiere y desea pensar). El límite es permiso denegado, visión doble y necrosis. Todo lo que uno mira es falso. El resultado relativo no me parece más importante que escoger entre pastel y cerezas para el postre. Error de línea de comandos La palabrería tiene una sola razón de ser: el rejuvenecimiento y el mantenimiento de las tradiciones de la biblia. Los párpados caen como cortinas de plomo. Hielo caliente besa mis sinapsis en una carrera e(x/s)tática. Mi sistema está nervioso, mis neuronas aúllan – dibujando una espiral hacia la singularidad. Flotando en el éter, mi cuerpo se comprime. Me convierto en el FUEGO. Incéndiame si te atreves. © VNS Matrix, abril de 1996. [ Traducción: Carolina Díaz Soto ] + [ DADA Traducción de Huberto Haltter, mexicano, heterosexual, encarnación de la desencarnación, síntoma de los tiempos, y esquizofrénico-paranoico de la mejor cepa. ] Solamente las soflamas encendidas estrujarán el meollo patatero y circunspecto atravesando la panocha transversal sostenida subrepticiamente donde las marismas alcanzan algo intangente soplando la deriva inconsciente de la mermelada semi transparente y la opaca resignación arbolícola entre la maraña Casi Casi Casi Casi Casi Casi Casi Casi Casi Casi Casi Casi Casi Casi Casi Casi Casi Casi Casi Casi Casi Casi Casi Casi Casi Casi Casi Casi Casi Casi Ea Ea Ea Ea Ea Ea Ea Ea Ea Ea Ea Ea Ea Ea Ea Ea Ea Ea Ea Ea Ea Ea Ea Ea Ea Ea Ea Ea Ea Ea Ea Ea Ea Ea Ea Ea Ea Ea Ea Ea Ea Ea Ea Ea Ea Ea Ea |
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"Aunque el desarrolllo capitalista ha hecho relativamente más tolerable el nivel de vida del obrero, desde el punto de vista del consumo individual, ha hecho la condición obrera más intolerable aún desde el punto de vista de las relaciones de producción y de trabajo, es decir, de la alienación en el sentido más amplio, no solamente de explotación sino también de opresión, de deshumanización". "La sociedad capitalista constriñe
a los individuos a conseguir individualmente, como consumidores, los
medios de satisfacción de los que han sido
expoliados socialmente". La parte que le corresponde al Estado en la regulación económica es realizada por comisiones opacas formadas por expertos y representantes de lobbies. Entonces el Parlamento queda prácticamente vacío de contenido: "no determina la naturaleza ni la orientación de la producción según las necesidades de la masa, no puede influir sobre la división técnica del trabajo, sobre las decisiones de inversión de los monopolios privados y del Estado, sobre el uso dado a la plusvalía económica... ¿qué queda? Aquello que se llaman libertades formales o individuales". De ese modo, el debate parlamentario acaba siendo una ceremonia sin contenido, y los grandes sindicatos, "correa de trasmisión de la burocracia centralizada". La estrategia obrera ha seguido una línea
dominante basada en dos ideas. La primera, centrada en la reivindicación
cuantitativa y en concreto en los aumentos salariales; la segunda, la
apuesta por la "espera revolucionaria". Según
esta posición, sólo cabe esperar que No obstante, esta tesis, pensada en un contexto en que miseria y pobreza se identificaban, "no tiene ninguna eficacia práctica" en el neocapitalismo. Las necesidades negadas al trabajador ya no son elementales sino que se trata de necesidades históricas. La tesis de la pauperización sólo es cierta, en Gorz, desde la idea de alienación, si la pobreza designa al "conjunto de posibilidades y de riquezas que son negadas a un individuo a la vez que le son propuestas como una norma virtualmente válida para todos". |
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La España revolucionaria
La revolución en España ha adquirido ya el carácter de situación permanente hasta el punto de que, como nos informa nuestro corresponsal en Londres, las clases adineradas y conservadoras han comenzado a emigrar y a buscar seguridad en Francia. Esto no es sorprendente; España jamás ha adoptado la moderna moda francesa, tan extendida en 1848, consistente en comenzar y realizar una revolución en tres días. Sus esfuerzos en este terreno son complejos y más prolongados. Tres años parecen ser el límite más corto al que se atiene, y en ciertos casos su ciclo revolucionario se extiende hasta nueve. Así, su primera revolución en el presente siglo se extendió de 1808 a 1814; la segunda, de 1820 a 1823, y la tercera, de 1834 a 1843. Cuánto durará la presente, y cuál será su resultado, es imposible preverlo incluso para el político más perspicaz, pero no es exagerado decir que no hay cosa en Europa, ni siquiera en Turquía, ni la guerra en Rusia, que ofrezca al observador reflexivo un interés tan profundo como España en el presente momento. Los levantamientos insurreccionales son tan viejos en España como el poderío de favoritos cortesanos contra los cuales han sido, de costumbre, dirigidos. Así, a finales del siglo XIV, la aristocracia se rebeló contra el rey Juan II y contra su favorito don Álvaro de Luna. En el XV se produjeron conmociones más serias contra el rey Enrique IV y el jefe de su camarilla, don Juan de Pacheco, marqués de Villena. En el siglo XVII, el pueblo de Lisboa despedazó a Vasconcelos, el Sartorius del virrey español en Portugal, lo mismo que hizo el de Barcelona con Santa Coloma, favorito de Felipe IV. A finales del mismo siglo, bajo el reinado de Carlos II, el pueblo de Madrid se levantó contra la camarilla de la reina, compuesta de la condesa de Barlipsch y los condes de Oropesa y de Melgar, que habían impuesto un arbitrio abusivo sobre todos los comestibles que entraban en la capital y cuyo producto se distribuían entre sí. El pueblo se dirigió al Palacio Real y obligó al rey a presentarse en el balcón y a denunciar él mismo a la camarilla de la reina. Se dirigió después a los palacios de los condes de Oropesa y Melgar, saqueándolos, incendiándolos, e intentó apoderarse de sus propietarios, los cuales tuvieron, sin embargo, la suerte de escapar a costa de un destierro perpetuo. El acontecimiento que provocó el levantamiento insurreccional en el siglo XV fue el tratado alevoso que el favorito de Enrique IV, el marqués de Villena, había concluido con el rey de Francia, y en virtud del cual, Cataluña había de quedar a merced de Luis XI. Tres siglos más tarde, el tratado de Fontainebleau -concluido el 27 de octubre de 1807 por el valido de Carlos IV y favorito de la reina, don Manuel Godoy, Príncipe de la Paz, con Bonaparte, sobre la partición de Portugal y la entrada de los ejércitos franceses en España- produjo una insurrección popular en Madrid contra Godoy, la abdicación de Carlos IV, la subida al trono de su hijo Fernando VII, la entrada del ejército francés en España y la consiguiente guerra de independencia. Así, la guerra de independencia española comenzó con una insurrección popular contra la camarilla personificada entonces por don Manuel Godoy, lo mismo que la guerra civil del siglo XV se inició con el levantamiento contra la camarilla personificada por el marqués de Villena. Asimismo, la revolución de 1854 ha comenzado con el levantamiento contra la camarilla personificada por el conde de San Luis. A pesar de estas repetidas insurrecciones, no ha habido en España hasta el presente siglo una revolución seria, a excepción de la guerra de la Junta Santa en los tiempos de Carlos I, o Carlos V, como lo llaman los alemanes. El pretexto inmediato, como de costumbre, fue suministrado por la camarilla que, bajo los auspicios del virrey, cardenal Adriano, un flamenco, exasperó a los castellanos por su rapaz insolencia, por la venta de los cargos públicos al mejor postor y por el tráfico abierto de las sentencias judiciales. La oposición a la camarilla flamenca era la superficie del movimiento, pero en el fondo se trataba de la defensa de las libertades de la España medieval frente a las ingerencias del absolutismo moderno. La base material de la monarquía española había sido establecida por la unión de Aragón, Castilla y Granada, bajo el reinado de Fernando el Católico e Isabel I. Carlos I intentó transformar esa monarquía aún feudal en una monarquía absoluta. Atacó simultáneamente los dos pilares de la libertad española: las Cortes y los Ayuntamientos. Aquéllas eran una modificación de los antiguos concilia góticos, y éstos, que se habían conservado casi sin interrupción desde los tiempos romanos, presentaban una mezcla del carácter hereditario y electivo característico de las municipalidades romanas. Desde el punto de vista de la autonomía municipal, las ciudades de Italia, de Provenza, del norte de Galia, de Gran Bretaña y de parte de Alemania ofrecen una cierta similitud con el estado en que entonces se hallaban las ciudades españolas; pero ni los Estados Generales franceses, ni el Parlamento inglés de la Edad Media pueden ser comparados con las Cortes españolas. Se dieron, en la creación de la monarquía española, circunstancias particularmente favorables para la limitación del poder real. De un lado, durante los largos combates contra los árabes, la península era reconquistada por pequeños trozos, que se constituían en reinos separados. Se engendraban leyes y costumbres populares durante esos combates. Las conquistas sucesivas, efectuadas principalmente por los nobles, otorgaron a éstos un poder excesivo, mientras disminuyeron el poder real. De otro lado, las ciudades y poblaciones del interior alcanzaron una gran importancia debido a la necesidad en que las gentes se encontraban de residir en plazas fuertes, como medida de seguridad frente a las continuas incursiones de los moros; al mismo tiempo, la configuración peninsular del país y el constante intercambio con Provenza y con Italia dieron lugar a la creación, en las costas, de ciudades comerciales y marítimas de primera categoría. En fecha tan remota como el siglo XIV, las ciudades constituían ya la parte más potente de las Cortes, las cuales estaban compuestas de los representantes de aquéllas juntamente con los del clero y de la nobleza. También merece ser subrayado el hecho de que la lenta reconquista, que fue rescatando el país de la dominación árabe mediante una lucha tenaz de cerca de ochocientos años, dio a la península, una vez totalmente emancipada, un carácter muy diferente del que predominaba en la Europa de aquel tiempo. España se encontró, en la época de la resurrección europea, con que prevalecían costumbres de los godos y de los vándalos en el norte, y de los árabes en el sur. Cuando Carlos I volvió de Alemania, donde le había sido conferida la dignidad imperial, las Cortes se reunieron en Valladolid para recibir su juramento a las antiguas leyes y para coronarlo. Carlos se negó a comparecer y envió representantes suyos que habían de recibir, según sus pretensiones, el juramento de lealtad de parte de las Cortes. Las Cortes se negaron a recibir a esos representantes y comunicaron al monarca que si no se presentaba ante ellas y juraba las leyes del país, no sería reconocido jamás como rey de España. Carlos se sometió; se presentó ante las Cortes y prestó juramento, como dicen los historiadores, de muy mala gana. Las Cortes con este motivo le dijeron: «Habéis de saber, señor, que el rey no es más que un servidor retribuido de la nación». Tal fue el principio de las hostilidades entre Carlos I y las ciudades. Como reacción frente a las intrigas reales, estallaron en Castilla numerosas insurrecciones, se creó la Junta Santa de Ávila y las ciudades unidas convocaron la Asamblea de las Cortes en Tordesillas, las cuales, el 20 de octubre de 1520, dirigieron al rey una «protesta contra los abusos». Éste respondió privando a todos los diputados reunidos en Tordesillas de sus derechos personales. La guerra civil se había hecho inevitable. Los comuneros llamaron a las armas: sus soldados, mandados por Padilla, se apoderaron de la fortaleza de Torrelobatón, pero fueron derrotados finalmente por fuerzas superiores en la batalla de Villalar, el 23 de abril de 1521. Las cabezas de los principales «conspiradores» cayeron en el patíbulo, y las antiguas libertades de España desaparecieron. Diversas circunstancias se conjugaron en favor del creciente poder del absolutismo. La falta de unión entre las diferentes provincias privó a sus esfuerzos del vigor necesario; pero Carlos utilizó sobre todo el enconado antagonismo entre la clase de los nobles y la de los ciudadanos para debilitar a ambas. Ya hemos mencionado que desde el siglo XIV la influencia de las ciudades predominaba en las Cortes, y desde el tiempo de Fernando el Católico, la Santa Hermandad había demostrado ser un poderoso instrumento en manos de las ciudades contra los nobles de Castilla, que acusaban a éstas de intrusiones en sus antiguos privilegios y jurisdicciones. Por lo tanto, la nobleza estaba deseosa de ayudar a Carlos I en su proyecto de supresión de la Junta Santa. Habiendo derrotado la resistencia armada de las ciudades, Carlos se dedicó a reducir sus privilegios municipales y aquéllas declinaron rápidamente en población, riqueza e importancia; y pronto se vieron privadas de su influencia en las Cortes. Carlos se volvió entonces contra los nobles, que lo habían ayudado a destruir las libertades de las ciudades, pero que conservaban, por su parte, una influencia política considerable. Un motín en su ejército por falta de paga lo obligó en 1539 a reunir las Cortes para obtener fondos de ellas. Pero las Cortes, indignadas por el hecho de que subsidios otorgados anteriormente por ellas habían sido malgastados en operaciones ajenas a los intereses de España, se negaron a aprobar otros nuevos. Carlos las disolvió colérico; a los nobles que insistían en su privilegio de ser eximidos de impuestos, les contestó que al reclamar tal privilegio, perdían el derecho a figurar en las Cortes, y en consecuencia los excluyó de dicha asamblea. Eso constituyó un golpe mortal para las Cortes, y desde entonces sus reuniones se redujeron a la realización de una simple ceremonia palaciega. El tercer elemento de la antigua constitución de las Cortes, a saber, el clero, alistado desde los tiempos de Fernando el Católico bajo la bandera de la Inquisición, había dejado de identificar sus intereses con los de la España feudal. Por el contrario, mediante la Inquisición, la Iglesia se había transformado en el más potente instrumento del absolutismo. Si después del reinado de Carlos I la decadencia de España, tanto en el aspecto político como social, ha exhibido esos síntomas tan repulsivos de ignominiosa y lenta putrefacción que presentó el Imperio Turco en sus peores tiempos, por lo menos en los de dicho emperador las antiguas libertades fueron enterradas en una tumba magnífica. En aquellos tiempos Vasco Núñez de Balboa izaba la bandera de Castilla en las costas de Darién, Cortés en México y Pizarro en el Perú; entonces la influencia española tenía la supremacía en Europa y la imaginación meridional de los iberos se hallaba entusiasmada con la visión de Eldorados, de aventuras caballerescas y de una monarquía universal. Así la libertad española desapareció en medio del fragor de las armas, de cascadas de oro y de las terribles iluminaciones de los autos de fe. Pero, ¿cómo podemos explicar el fenómeno singular de que, después de casi tres siglos de dinastía de los Habsburgo, seguida por una dinastía borbónica -cualquiera de ellas harto suficiente para aplastar a un pueblo-, las libertades municipales de España sobrevivan en mayor o menor grado? ¿Cómo podemos explicar que precisamente en el país donde la monarquía absoluta se desarrolló en su forma más acusada, en comparación con todos los otros Estados feudales, la centralización jamás haya conseguido arraigar? La respuesta no es difícil. Fue en el siglo XVI cuando se formaron las grandes monarquías. Éstas se edificaron en todos los sitios sobre la base de la decadencia de las clases feudales en conflicto: la aristocracia y las ciudades. Pero en los otros grandes Estados de Europa la monarquía absoluta se presenta como un centro civilizador, como la iniciadora de la unidad social. Allí era la monarquía absoluta el laboratorio en que se mezclaban y amasaban los varios elementos de la sociedad, hasta permitir a las ciudades trocar la independencia local y la soberanía medieval por el dominio general de las clases medias y la común preponderancia de la sociedad civil. En España, por el contrario, mientras la aristocracia se hundió en la decadencia sin perder sus privilegios más nocivos, las ciudades perdieron su poder medieval sin ganar en importancia moderna. Desde el establecimiento de la monarquía absoluta, las ciudades han vegetado en un estado de continua decadencia. No podemos examinar aquí las circunstancias, políticas o económicas, que han destruido en España el comercio, la industria, la navegación y la agricultura. Para nuestro actual propósito basta con recordar simplemente el hecho. A medida que la vida comercial e industrial de las ciudades declinó, los intercambios internos se hicieron más raros, la interrelación entre los habitantes de diferentes provincias menos frecuente, los medios de comunicación fueron descuidados y las grandes carreteras gradualmente abandonadas. Así, la vida local de España, la independencia de sus provincias y de sus municipios, la diversidad de su configuración social, basada originalmente en la configuración física del país y desarrollada históricamente en función de las formas diferentes en que las diversas provincias se emanciparon de la dominación mora y crearon pequeñas comunidades independientes, se afianzaron y acentuaron finalmente a causa de la revolución económica que secó las fuentes de la actividad nacional. Y como la monarquía absoluta encontró en España elementos que por su misma naturaleza repugnaban a la centralización, hizo todo lo que estaba en su poder para impedir el crecimiento de intereses comunes derivados de la división nacional del trabajo y de la multiplicidad de los intercambios internos, única base sobre la que se puede crear un sistema uniforme de administración y de aplicación de leyes generales. La monarquía absoluta en España, que solo se parece superficialmente a las monarquías absolutas europeas en general, debe ser clasificada más bien al lado de las formas asiáticas de gobierno. España, como Turquía, siguió siendo una aglomeración de repúblicas mal administradas con un soberano nominal a su cabeza. El despotismo cambiaba de carácter en las diferentes provincias según la interpretación arbitraria que a las leyes generales daban virreyes y gobernadores; si bien el gobierno era despótico, no impidió que subsistiesen las provincias con sus diferentes leyes y costumbres, con diferentes monedas, con banderas militares de colores diferentes y con sus respectivos sistemas de contribución. El despotismo oriental sólo ataca la autonomía municipal cuando ésta se opone a sus intereses directos, pero permite con satisfacción la supervivencia de dichas instituciones en tanto que éstas lo descargan del deber de cumplir determinadas tareas y le evitan la molestia de una administración regular. Así ocurrió que Napoleón, que, como todos sus contemporáneos, consideraba a España como un cadáver exánime, tuvo una sorpresa fatal al descubrir que, si el Estado español estaba muerto, la sociedad española estaba llena de vida y repleta, en todas sus partes, de fuerza de resistencia. Mediante el tratado de Fontainebleau había llevado sus tropas a Madrid; atrayendo con engaños a la familia real a una entrevista en Bayona, había obligado a Carlos IV a anular su abdicación y después a transferirle sus poderes; al mismo tiempo había arrancado ya a Fernando VII una declaración semejante. Con Carlos IV, su reina y el Príncipe de la Paz conducidos a Compiègne, con Fernando VII y sus hermanos encerrados en el castillo de Valençay, Bonaparte otorgó el trono de España a su hermano José, reunió una Junta española en Bayona y le suministró una de sus Constituciones previamente preparadas. Al no ver nada vivo en la monarquía española, salvo la miserable dinastía que había puesto bajo llaves, se sintió completamente seguro de que había confiscado España. Pero pocos días después de su golpe de mano recibió la noticia de una insurrección en Madrid, Cierto que Murat aplastó el levantamiento matando cerca de mil personas; pero cuando se conoció esta matanza, estalló una insurrección en Asturias que muy pronto englobó a todo el reino. Debe subrayarse que este primer levantamiento espontáneo surgió del pueblo, mientras las clases «bien» se habían sometido tranquilamente al yugo extranjero. De esta forma se encontraba España preparada para su reciente actuación
revolucionaria, y lanzada a las luchas que han marcado su desarrollo
en el presente siglo. Los hechos e influencias que hemos indicado sucintamente
actúan aún en la creación
de sus destinos y en la orientación de los impulsos de su pueblo. Los
hemos presentado porque son necesarios, no sólo para apreciar la crisis
actual, sino todo lo que ha hecho y sufrido España desde la usurpación
napoleónica: un período de cerca
de cincuenta años, no carente de episodios trágicos y de esfuerzos heroicos,
y sin duda uno de los capítulos más emocionantes e instructivos de toda
la historia moderna. |
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Carlos Yusti Como mi norte en la vida era no terminar nada, y tener muchas ocupaciones extrañas para desenredar el gran ovillo de la existencia, de joven comenzaba varios proyectos en simultáneo (participaba en un grupo de teatro juvenil, elaboraba caricaturas para una exposición, editaba con otro grupo de amigos una revista, etc.) con la firme intención de no concluirlos o dejarlos a medias. No lo hacía con premeditación y alevosía, sino que ya otros nuevos proyectos sobrevolaban en mi cabeza y debía acometerlos antes que se espantaran. Un día decidí mandar al diablo todos los proyectos y conseguí trabajo con un turco que vendía electrodomésticos. Durante 4 años me aparté de todo en plan de convertirme en un espectador omnisciente. En esta etapa descubrí a George Lichtenberg, personaje curioso de la filosofía que al morir dejó una serie de cuadernos con anotaciones breves y de una brillantez como de fogonazo. Lichtenberg tuvo la facultad de asumir varios proyectos a la vez sin terminar ninguno. Construía pararrayos, hacia cálculos de probabilidades lanzando por horas una moneda al aire, con su telescopio veía cada noche las estrellas y a su vecina que se prepara para dormir, llevaba un cuadro clínico de sus padecimientos reales e inventados y escribía de moda, ciencia y de cualquier tema que llamara su atención. Su interés por las cuestiones del mundo fue variado y disperso lo cual lo convirtió en una mente prodigiosa en su tiempo y aunque nunca se movió de Gotinga los pensadores y autores más ilustres de su época viajaban a esa ciudad de la baja Sajonia en Alemania con la sola intención de conocerlo. También por casualidad descubrí a otro personaje tan lleno de aristas curiosas como el filósofo de Gotinga. Joe Gould era una especie de vagabundo y bohemio imprescindible en la zona cultural del Greenwich Village. De profesión periodista un día lo dejó todo y se lanzó a la calle a vivir en vagabundo y escribir un monumental libro que recopilaría la historia oral de Norteamérica. Lo cierto es que Gould se convirtió en un personaje artístico y mediático, le hacían entrevista para revistas o periódicos, además artistas y poetas buscaban su compañía ya que era la suma de la libertad creadora en estado puro, (el gran poeta e.e Cummings dibujó su retrato). La gente lo veía en los bares y cafés del Village escribiendo en cuadernos escolares. Durante años esa fue vida: artista sin obra. Era un celebridad artística que se codeó con los mejores poetas, pintores y escritores de su momento. Al morir Joe Gould un periodista, que había escrito dos sendos reportajes sobre tan curioso personaje, descubrió una veintena de cuadernos con los textos de Gould. En cada cuaderno repetía siempre la misma historia que relataba la muerte de su padre. De un cuaderno a otro, con pequeñas alteraciones, escribía las circunstancias que rodearon la muerte de su padre, en el fondo era la misma historia escrita y reescrita hasta la saciedad. El periodista consiguió otro lote de cuadernos y contenían el mismo relato una y otra vez. Quizá Gould estuvo consciente de su farsa, sin duda deseaba escribir su gran libro, pero no tuvo el talento ni el aplomo necesario para acometerlo y se dejó ganar por su mentira y por ese personaje pintoresco que había creado. Lo que hizo Gould fue
inventarse una historia para andar por la vida libre sin ningún tipo de presión.
El gran libro de la historia oral sólo estuvo en su cabeza, acaso
al principio lo que resultaba una idea interesante pasó a segundo
plano ya que la gran historia era esa: vivir como un mendigo. El acierto
absurdo de Gould fue la de convertirse en personaje de una farsa que
sostuvo hasta su muerte, de una mentira que le proporcionó la
oportunidad de vivir en una fantasía confeccionada con esa misma
metáfora que el Don Quijote literario elaboró la suya,
sólo que Gould era un personaje real que desquició e iluminó la
realidad con su fantasía del mendigo escritor, del mendigo que
escribe esa historia menuda que se escucha a cada tramo de la vida, de
esa historia imperceptible que se pierde en el voceo de la gente que
va y viene al declinar el día. |
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| Toast
aux ouvriers révolutionnaires RAOUL VANEIGEM |
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| Créativité, spontanéité et poésie | |||||||
Les hommes vivent en état de créativité vingt-quatre heures sur vingt-quatre. Percé à jour, l'usage combinatoire que les mécanismes de domination font de la liberté renvoie par contrecoup à la conception d'une liberté vécue, indissociable de la créativité individuelle. L'invitation à produire, à consommer, à organiser, échoue désormais à récupérer la passion de créer, où va se dissoudre la conscience des contraintes (1). - La spontanéité est le mode d'être de la créativité, non pas un état isolé, mais l'expérience immédiate de la subjectivité. La spontanéité concrétise la passion créatrice, elle amorce sa réalisation pratique, elle rend donc possible la poésie, la volonté de changer le monde selon la subjectivité radicale (2). - Le qualitatif est la présence attestée de la spontanéité créatrice, une communication directe de l'essentiel, la chance offerte à la poésie. Il est un condensé de possibles, un multiplicateur de connaissances et d'efficacité, le mode d'emploi de l'intelligence ; son propre critère. Le choc qualitatif provoque une réaction en chaîne observable dans tous les moments révolutionnaires ; il faut susciter une telle réaction par le scandale positif de la créativité libre et totale (3). - La poésie est l'organisation de la spontanéité créative en tant qu'elle la prolonge dans le monde. La poésie est l'acte qui engendre des réalités nouvelles. Elle est l'accomplissement de la théorie radicale, le geste révolutionnaire par excellence. Dans ce monde fractionnaire dont le pouvoir social hiérarchisé fut, au cours de l'histoire, le dénominateur commun, il n'y eut jamais qu'une liberté tolérée, une seule : le changement de numérateur, l'immuable choix de se donner un maître. Pareil usage de la liberté a fini par lasser d'autant plus vite que les pires Etats totalitaires de l'Est et de l'Ouest ne cessent de s'en réclamer. Or le refus, actuellement généralisé, de changer d'employeur coïncide aussi avec un renouveau de l'organisation étatique. Tous les gouvernements du monde industrialisé ou en passe de l'être tendent à se modeler, à des degrés variables d'évolution, sur une forme commune, rationalisant les vieux mécanismes de domination, les automatisant en quelque sorte. Et ceci constitue la première chance de la liberté. Les démocraties bourgeoises ont montré qu'elles toléraient les libertés individuelles dans la mesure où elles se limitaient et se détruisaient réciproquement ; la démonstration faite, il est devenu impossible pour un gouvernement, si perfectionné soit-il, d'agiter la muleta de la liberté sans que chacun ne devine l'épée qui y est cachée. Sans que, par contrecoup, la liberté ne retrouve sa racine, la créativité individuelle, et se refuse violemment à n'être que le permis, le licite, le tolérable, le sourire de l'autorité. La deuxième chance de la liberté enfin ramenée à son authenticité créatrice tient aux mécanismes même du pouvoir. Il est évident que les systèmes abstraits d'exploitation et de domination sont des créations humaines, tirent leur existence et leurs perfectionnements d'une créativité dévoyée, récupérée. De la créativité, l'autorité ne peut et ne veut connaître que les diverses formes récupérables par le spectacle. Mais ce que les gens font officiellement n'est rien à côté de ce qu'ils font en se cachant. On parle de créativité à propos d'une oeuvre d'art. Qu'est-ce que cela représente à côté de l'énergie créative qui agite un homme mille fois par jour, bouillonnement de désirs insatisafaits, rêveries qui se cherchent à travers le réel, sensations confuses et pourtant lumineusement précises, idées et gestes porteurs de bouleversement sans nom. Le tout voué à l'anonymat et à la pauvreté des moyens, enfermé dans la survie ou contraint de perdre sa richesse qualitative pour s'exprimer selon les catégories du spectacle. Que l'on pense au palais du facteur Cheval, au système génial de Fourier, à l'univers illustré du douanier Rousseau. Que chacun pense, plus précisément, à l'incroyable diversité de ses rêves, paysages autrement colorés que les plus belles toiles de Van Gogh. Qu'il pense au monde idéal bâti sans relâche sous son regard intérieur tandis que ses gestes refont le chemin du banal. Il n'est personne, si aliéné soit-il, qui ne possède et ne se reconnaisse une part irréductible de créativité, une camera obscura protégée contre toute intrusion du mensonge et des contraintes. Le jour où l'organisation sociale étendrait son contrôle sur cette part de l'homme, elle ne régnerait plus que sur des robots ou des cadavres. Et c'est en un sens pourquoi la conscience de la créativité s'accroît contradictoirement à mesure que se multiplient les essais de récupération auxquels se livre la société de consommation. Argus est aveugle devant la menace la plus proche. Sous le règne du quantitatif, le qualitatif n'a pas d'existence légalement reconnue. C'est précisément ce qui le sauvegarde et l'entretient. Que la poursuite effrénée du quantitatif développe contradictoirement, par l'insatisfaction qu'elle nourrit, un désir absolu de qualitatif, j'ai eu l'occasion d'en parler plus haut. Plus la contrainte s'exerce au nom de la liberté de consommer, plus le malaise d'une telle contradiction fait naître la soif d'une liberté totale. Ce qu'il y avait de créativité opprimée dans l'énergie déployée par le travailleur a été révélé dans la crise de la société de production. Marx a dénoncé une fois pour toutes l'aliénation de la créativité dans le travail forcé, dans l'exploitation du producteur. A mesure que le système capitaliste et ses séquelles (même antagonistes) perdent sur le front de la production, ils s'efforcent de compenser par le biais de la consommation. Selon leurs directives, il faut que l'homme, se libérant de ses fonctions de producteur, s'englue dans une nouvelle fonction, celle de consommateur. Offrant à la créativité, enfin permise par la diminution des heures de travail, le terrain vague des loisirs, les bons apôtres de l'humanisme ne lèvent en fait qu'une armée prête à évoluer sur le champ de manoeuvre de l'économie de consommation. A présent que l'aliénation du consommateur est percée à jour par la dialectique même du consommable, quelle prison prépare-t-on pour la très subversive créativité individuelle ? J'ai déjà dit que la dernière chance des dirigeants était de faire de chacun l'organisateur de sa propre passivité. Dewitt Peters explique, avec un candeur touchante, que «si l'on mettait simplement à la disposition des gens que la chose amuserait des couleurs, des pinceaux et des toiles, il pourrait en sortir quelque chose de curieux». Tant que l'on appliquera cette politique pour une dizaine de domaines bien contrôlés comme le théâtre, la peinture, la musique, l'écriture... et en général pour des secteurs soigneusement isolés, on gardera quelque chance de donner aux gens une conscience d'artiste, une conscience d'homme qui fait profession d'exposer sa créativité dans les musées et les vitrines de la culture. Et plus une telle culture sera populaire, plus cela signifiera que le pouvoir a gagné. Mais les chances de «culturiser» de la sorte les hommes d'aujourd'hui sont minces. Espère-t-on vraiment, du côté des cybernéticiens, qu'un homme va accepter d'expérimenter librement dans des limites fixées autoritairement ? Croit-on vraiment que des hommes enfin conscients de leur force de créativité vont badigeonner les murs de leur prison et s'arrêter là ? Qu'est-ce qui les empêcherait d'expérimenter aussi avec les armes, les désirs, les rêves, les techniques de réalisation ? D'autant plus que les agitateurs sont déjà répandus dans la foule. La dernière récupération possible de la créativité - l'organisation de la passivité artistique - est éventée. «Je cherche, écrivait Paul Klee, un point lointain, à l'origine de la création, où je pressens une formule unique pour l'homme, l'animal, la plante, le feu, l'eau, l'air et toutes les forces qui nous entourent.» Lointain, un tel point ne l'est que dans la perspective mensongère du pouvoir. En fait, l'origine de toute création réside dans la créativité individuelle ; c'est de là que tout s'ordonne, les êtres et les choses, dans la grande liberté poétique. Point de départ de la nouvelle perspective, pour laquelle il n'est personne qui ne lutte de toutes ses forces et à chaque instant de son existence. «La subjectivité est le seul vrai» (Kierkegaard). La vraie créativité est irrécupérable pour le pouvoir. A Bruxelles, en 1869, la police crut mettre la main sur le fameux trésor de l'Internationale, qui tracassait tant les capitalistes. Elle saisit une caisse colossale et solide, cachée dans un endroit obscur. On l'ouvrit, elle ne contenait que du charbon. La police ignorait que, touché par des mains ennemies, l'or pur de l'Internationale se convertit en charbon. Dans les laboratoires de la créativité individuelle, une alchimie révolutionnaire transmute en or les métaux les plus vils de la quotidienneté. Il s'agit avant tout de dissoudre la conscience des contraintes, c'est-à-dire le sentiment d'impuissance, dans l'exercice attractif de la créativité ; les fondre dans l'élan de la puissance créatrice, dans l'affirmation sereine de son génie. La mégalomanie, par ailleurs stérile sur le plan du prestige et du spectacle, représente ici une étape importante dans la lutte qui oppose le moi aux forces coalisées du conditionnement. Dans la nuit du nihilisme aujourd'hui triomphant, l'étincelle créatrice, qui est l'étincelle de la vraie vie, brille avec plus d'éclat. Et tandis que le projet d'une meilleure organisation de la survie avorte, il y a, dans la multiplication de ces étincelles se fondant peu à peu dans une lumière unique, la promesse d'une nouvelle organisation fondée cette fois sur l'harmonie des volontés individuelles. Le devenir historique nous a conduits au croisement où la subjectivité radicale rencontre la possibilité de transformer le monde. Ce moment privilégié est le renversement de perspective. La spontanéité. - La spontanéité est le mode d'être de la créativité individuelle. Elle est son premier jaillissement, encore immaculé ; ni corrompu à la source, ni menacé de récupération. Si la créativité est la chose du monde la mieux partagée, la spontanéité, au contraire, semble relever d'un privilège. Seuls la détiennent ceux qu'une longue résistance au pouvoir a chargés de la conscience de leur propre valeur d'individu : le plus grand nombre des hommes dans les moments révolutionnaires, et plus qu'on ne croît, dans un temps où la révolution se construit tous les jours. Partout où la lueur de créativité subsiste, la spontanéité garde ses chances. «L'artiste nouveau proteste, écrivait Tsara en 191, il ne peint plus, mais crée directement.» L'immédiateté est certainement la revendication la plus sommaire, mais aussi la plus radicale, qui doit définir ces nouveaux artistes que seront les constructeurs de situations à vivre. Sommaire, car enfin il ne convient pas de se laisser abuser par le mot spontaéité. Cela seul est spontané qui n'émane pas d'une contrainte intériorisée jusque dans le subconscient, et qui échappe au surplus à l'emprise de l'abstraction aliénante, à la récupération spectaculaire. On voit bien que la spontanéité est une conquête plus qu'un donné. La restructuration de l'individu (cf. la construction des rêves). Ce qui a manqué jusqu'à présent à la créativité, c'est la conscience claire de sa poésie. Le sens commun a toujours voulu la décrire comme un état primaire, un stade antérieur auquel devait succéder une correction théorique, un transfert sur l'abstrait. C'était là isoler la spontanéité, en faire un en-soi et, partant, ne la reconnaître que falsifiée dans les catégories spectaculaires, dans l'action painting, par exemple. Or la créativité spontanée porte en elle les conditions de son prolongement adéquat. Elle détient sa propre poésie. Pour moi, la spontanéité constitue une expérience immédiate, une conscience du vécu, de ce vécu cerné de toutes parts, menacé d'interdits et cependant non encore aliéné, non encore réduit à l'inauthentique. Au centre de l'expérience vécue, chacun se trouve le plus près de lui-même. En cet espace-temps privilégié, je le sens bien, être réel me dispense d'être nécessaire. Et c'est toujours la conscience d'une nécessité qui aliène. On m'avait appris à me saisir, selon l'expression juridique, par défaut ; la conscience d'un moment de vie authentique élimine les alibis. l'absence de futur rejoint dans le même néant l'absence de passé. La conscience du présent s'harmonise à l'expérience vécue comme une sorte d'improvisation. Ce plaisir, pauvre parce qu'encore isolé, riche parce que déjà tendu vers le plaisir identique des autres, je ne puis m'empêcher de l'assimiler au plaisir du jazz. Le style d'improvisation de la vie quotidienne dans ses meilleurs moments rejoint ce que Dauer écrit du jazz : «La conception africaine du rythme diffère de la nôtre en ceci que nous le percevons auditivement tandis que les Africains le perçoivent à travers le mouvement corporel. Leur technique consiste essentiellement à introduire la discontinuité au sein de l'équilibre statique imposé par le rythme et le mètre à l'écoulement du temps. Cette discontinuité résultant de la présence de centres de gravité extatiques à contretemps, de l'accentuation propre au rythme et au mètre crée constamment des tensions entre les accents statiques et les accents extatiques qui leur sont imposés.» Le moment de la spontanéité créatrice est la plus infime présence du renversement de perspective. C'est un moment unitaire, c'est-à-dire un et multiple. L'explosion du plaisir vécu fait que, me perdant, je me trouve ; oubliant qui je suis, je me réalise. La conscience de l'expérience immédiate n'est rien d'autre que ce jazz, que ce balancement. Au contraire, la pensée qui s'attache au vécu dans un but analytique en reste séparée ; c'est la cas de toutes les études sur la vie quotidienne et, en un sens donc, de celle-ci - ce pourquoi je m'efforce d'y inclure à chaque instant sa propre critique, de peur qu'elle ne soit, comme beaucoup, aisément récupérable. Le voyageur qui fixe sa pensée sur la longueur du chemin à parcourir se fatigue plus que son compagnon qui laisse au gré de la marche errer son imagination ; de même la réflexion attentive à la démarche du vécu l'entrave, l'abstrait, le réduit à de futurs souvenirs. Pour qu'elle se fonde vraiment dans le vécu, il faut que la pensée soit libre. Il suffit de penser autre dans le sens du même. Tandis que tu te fais, rêve d'un autre toi-même qui, un jour, te fera à son tour. Ainsi m'apparaît la spontanéité. La plus haute conscience de moi inséparable du moi et du monde. Cependant, il faut retrouver les pistes de la spontanéité que les civilisations industrielles ont rendue sauvage. Il n'est pas facile de reprendre la vie par le bon bout. L'expérience individuelle est aussi une proie pour la folie, un prétexte. Les conditions sont celles dont parle Kierkegaard : «S'il est vrai que je porte une ceinture, toutefois, je ne vois pas la perche qui doit me soutenir.» Certes, la perche existe, et peut-être chacun pourrait-il la saisir, mais si lentement il est vrai que beaucoup mourront d'angoisse avant d'admettre qu'elle existe. Cependant, elle existe. C'est la subjectivité radicale : la conscience que tous les hommes obéissent à une même volonté de réalisation authentique, et que leur subjectivité se renforce de cette volonté subjective perçue chez les autres. Cette façon de partir de soi et de rayonner, moins vers les autres que vers ce que l'on découvre de soi en eux, donne à la spontanéité créatrice une importance stratégique semblable à celle d'une base de lancement. Les abstractions, les notions qui nous dirigent, il convient désormais de les ramener à leur source, à l'expérience vécue, non pour les justifier, mais pour les corriger au contraire, pour les inverser, les rendre au vécu dont elles sont issues et dont elles n'auraient jamais dû sortir ! C'est à cette condition que les hommes reconnaîtront sous peu que leur créativité individuelle ne se distingue pas de la créativité universelle. Il n'y a pas d'autorité en dehors de ma propre expérience vécue ; c'est ce que chacun doit prouver à tous. Le qualitatif. - J'ai dit que la créativité, également répartie chez tous les individus, ne s'exprimait directement, spontanément, qu'à la faveur de certains moments privilégiés. Ces états prérévolutionnaires, d'où irradie la poésie qui change la vie et transforme le monde, n'est-on pas fondé à les placer sous le signe de cette grâce moderne, le qualitatif ? De même que la présence de l'abomination divine se trahissait par la suavité spirituelle, soudain conférée aux rustres comme aux natures les plus fines - à Claudel, ce crétin, comme à Jean de la Croix -, de même un geste, une attitude, un mot parfois, atteste de façon indéniable la présence de la chance offerte à la poésie, c'est-à-dire à la construction totale de la vie quotidienne, au renversement global de perspective, à la révolution. Le qualitatif est un raccourci, un condensé, une communication directe de l'essentiel. Kagame entendit un jour une vieille femme du Rwanda, qui ne savait ni lire ni écrire, dire : «Vraiment, les Blancs sont d'une naïveté désarmante ! Ils n'ont pas d'intelligence !» Comme il lui répliquait : «Comment pouvez-vous dire une aussi grosse sottise ? Avez-vous pu comme eux inventer tant de merveilles qui dépassent notre imagination ?» Elle répondit avec un sourire compatissant : «Ecoutez bien ceci, mon enfant ! Ils ont appris tout cela, mais ils n'ont pas d'intelligence ! Ils ne comprennent rien !» De fait, la malédiction de la civilisation de la technique, de l'échange quantifié et de la connaissance scientifique, est de n'avoir rien créé qui encourage et libère directement la créativité spontannée des hommes, au contraire, ni même qui leur permette de comprendre immédiatement le monde. Ce qu'exprimait la vieille femme rwandaise - cet être que l'administrateur blanc devait, du haut de sa spiritualité belge, regarder comme une bête sauvage - apparaissait chargé de culpabilité et de mauvaise conscience, c'est-à-dire entaché d'une bêtise ignoble, dans le vieux propos : «J'ai beaucoup étudié et c'est pourquoi je sais que je ne sais rien.» Car il est faux, en un sens, qu'une étude ne nous apprenne rien, si elle n'abandonne pas le point de vue de la totalité. Ce qui fut appelé rien, c'étaient les étages successifs du qualitatif ; ce qui, à des niveaux divers, restait dans la ligne du qualitatif. Que l'on me permette une image. Supposons plusieurs pièces sîtuées exactement les unes au-dessus des autres, réunies par un ascenseur qui les traverse en leur milieu et communiquant par l'extérieur grâce à des volées d'escaliers en colimaçon. Entre les gens qui habitent les différentes pièces, la liaison est directe mais comment communiqueraient-ils avec ceux qui se trouvent engagés à l'extérieur, dans l'escalier ? Entre les détenteurs du qualitatif et les détenteurs de la connaissance à crémaillère, il n'y a pas de dialogue. Incapables pour la plupart de lire le manifeste de Marx et Engels, les ouvriers de 1848 possédaient en eux l'essentiel du texte. C'est d'ailleurs en cela que la théorie marxiste était radicale. La condition ouvrière et ses implications, que le Manifeste exprimait théoriquement à l'étage supérieur, permettaient aux plus ignorants des prolétaires d'accéder immédiatement, le moment venu, à la compréhension de Marx. L'homme cultivé et usant de sa culture comme d'un lance-flammes est fait pour s'entendre avec l'homme inculte mais qui ressent dans la réalité vécue quotidiennement ce que l'autre exprime savamment. Il faut bien que les armes de la critique rejoignent la critique des armes. Seul le qualitatif permet de passer d'un bond à l'étage supérieur. C'est la pédagogie du groupe en péril, la pédagogie de la barricade. Mais le graduel du pouvoir hiérarchisé ne conçoit semblablement qu'une hiérarchie de connaissance graduelles ; des gens dans l'escalier, spécialisés dans la nature et la quantité des marches, se rencontrent, se croisent, se heurtent, s'insultent. Quelle importance ? En bas l'autodidacte farci de bon sens, en haut l'intellectuel collectionnant les idées se renvoient l'image inverse d'un même ridicule. Miguel de Unamuno et l'ignoble Millan Astray, le salarié de la pensée et son contempteur, s'affrontent en vain ; hors du qualitatif, l'intelligence n'est qu'une marotte d'imbéciles. Les alchimistes appelaient materia prima les éléments indispensables au Grand Oeuvre. Et ce que Paracelse en écrit s'applique parfaitement au qualitatif : «Il est manifeste que les pauvres en ont davantage que les riches. Les gens en gaspillent la bonne part et n'en retiennent que la mauvaise part. Elle est visible et invisible, et les enfants jouent avec elle dans la rue. Mais les ignorants la foulent aux pieds quotidiennement.» Or la conscience de materia prima qualitative doit sans cesse s'affiner dans la plupart des esprits, à mesure que s'effondrent les bastions de la pensée spécialisée et de la connaissance graduelle. La prolétarisation accule désormais au même nihilisme ceux qui font profession de créer et ceux que leur profession empêche de créer, les artistes et les travailleurs. Et cette prolétarisation qui va de pair avec son refus, c'est-à-dire avec le refus des formes récupérées de la créativité, s'effectue dans un tel encombrement de biens culturels - disques, livres de poche - que ceux-ci vont, une fois arrachés au consommable, passer sans délais au service de la vraie créativité. Ainsi le sabotage des mécanismes de la consommation économique et culturelle trouve-t-il à s'illustrer de façon exemplaire chez ces jeunes gens qui volent les livres dont ils attendent confirmation de leur radicalité. Réinvesties sous le signe du qualitatif, les connaissances les plus diverses créent un réseau aimanté capable de soulever les plus lourdes traditions. Le savoir est multiplié par la puissance exponentielle de la simple créativité spontanée. Avec des moyens de fortune et pour un prix dérisoire, un ingénieur allemand a mis au point un appareil qui réalise les mêmes opération que le cyclotron. Si la créativité individuelle, aussi médiocrement stimulée, arrive à de pareils résultats, que ne faut-il espérer de chocs qualitatifs, de réactions en chaîne où l'esprit de la liberté qui s'est maintenu vivant dans les individus reparaîtrait collectivement pour célébrer, dans le feu de joie et la rupture d'interdits, la grande fête sociale ? Il ne s'agit plus, pour un groupe révolutionnaire cohérent, de créer un conditionnement de type nouveau, mais au contraire d'établir des zones de protection où l'intensité du conditionnement tende vers zéro. Rendre chacun conscient de son potentiel de créativité est une tentative vouée à l'échec si elle ne recourt pas à l'éveil par le choc qualitatif. Il n'y a plus rien à attendre des partis de masses et des groupes fondés sur le recrutement quantitatif. Par contre, une microsociété dont les membres se seraient reconnus sur la base d'un geste ou d'une pensée radicale, et qu'un filtrage théorique serré maintiendrait dans un état de pratique efficace permanent, un tel noyau, donc, réunirait toutes les chances de rayonner un jour avec suffisamment de force pour libérer la créativité du plus grand nombre des hommes. Il faut changer en espoir le désespoir des terroristes anarchistes ; corriger dans le sens d'une stratégie moderne leur tactique de guerrier médiéval.
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| RAOUL VANEIGEM | |||||||
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ESCRIBANOS CATÓLICOSUn texto que el poeta Gonzalo Arango, fundador del nadaísmo, escribió y presentó, hace más de 50 años, ante un Congreso de escribanos católicos. MANIFIESTO AL CONGRESO DE ESCRIBANOS CATÓLICOS no somos católicos: porque dios hace quince días que no se afeita. porque el diablo tiene caja de dientes. porque San Juan de la Cruz era hermafrodita. porque santa teresa era una mística lesbiana. porque la filosofía de santo tomás de aquino esta fundada en dios y dios no ha existido nunca. porque somos fieles descendientes de los micos de darwin. porque en el infierno no hay fogones westinghouse sino pailas trogloditas remendadas por los gitanos y a nosotros nos gusta condenarnos confortablemente al estilo yanqui. No somos católicos por respeto a nosotros mismos: porque en Colombia son católicos el tuso navarro ospina, el general rojas pinilla, laureano gómez, mariano ospina pérez, rafael maya, darío echandía, josé gutiérrez gómez, alberto lleras, silvio villegas, carlos j echavarría, tulio botero salazar, javier arango ferrer, fernando gómez martínez, manuel mejía vallejo, otto morales benítez, félix henao botero, carlos castro saavedra, abel naranjo villegas, nuestros padres, las prostitutas, los senadores, los curas, los militares, los capitalistas, todos, menos los nadaístas. $ ustedes ya atentaron bastante contra la libertad y la razón. ahora les decimos ¡basta! basta de inquisiciones, basta de intrigas políticas, basta de sofismas, basta de verdades reveladas, basta de morales basadas en el terror de satanás. basta de comerciar con la vida eterna. basta de aliarse con dictaduras militares y burguesas, basta de asistir al banquete de los industriales. basta de viajar en cadillacs último modelo. basta de catolicismo… ¡BASTA!!! ¡EL DIABLO NO EXISTE!!! $ ustedes fracasaron. ¿qué nos dejan, después de tantos años de “pensamiento católico”? esto: un pueblo miserable, ignorante, hambriento, servil, explotado, fetichista, criminal, bruto. ese es el producto de sus sermones sobre la moral, de su metafísica bastarda, de su fe de carboneros. ustedes son los responsables de esta crisis que nos envilece y nos cubre de ignominia. ustedes no son dignos representantes de los intereses del espíritu, consideramos por simples razones de ética nadaísta que en colombia no se puede ser escritor y católico al mismo tiempo, porque lo uno pugna con lo otro. ustedes son católicos porque no piensan, o no piensan porque son católicos. en los dos casos indica que ustedes son unos vegetales caducos y conformistas. nosotros queremos ser libres y no tenemos miedo al infierno, consideramos que el catolicismo es una ingenuidad de la razón y una cobardía. nosotros estamos de parte de la vida y ustedes vienen con una falsa taumaturgia a resucitar un cadáver: la máscara inmunda con que se oculta el rostro revolucionario de cristo, quien no compró acciones en el negocio que ustedes explotan: esa bolsa negra; esos templos afiliados a las sociedades de industriales y a la aristocracia que viene vendiendo a cristo como si fuera una yarda de tela otomana o una botella de ron medellín añejo. $ ustedes llevan dos mil años prometiendo el paraíso y la redención, la justicia y la paz. ¿no es suficiente su fracaso milenario? permitan el acceso del conocimiento, del pensamiento científico, de la lógica histórica. permitan que una política de la inmanencia restituya al hombre sus posibilidades de salvación y de solidaridad humana que ustedes le negaron…¡y no apesten más! el paraíso que nos ofrecieron no existe. ustedes no saben tanto de sagradas escrituras. ¿no han leído en el versículo del apocalipsis que dios se ahogó en el diluvio universal y que su cadáver no ha sido rescatado por los bomberos? ustedes nos proponen una fe muerta, la resignación, la culpa, el remordimiento, toda una filosofía de la muerte y el pesimismo. no somos culpables. no tenemos remordimiento. nuestros padres gozaron al fabricarnos. nosotros estamos contentos de vivir, el mundo es bello. sabemos que vamos a morir pero no nos creen más complejos de trascendencia. honramos con orgullo la resistencia y su límite. Por eso no vamos a llorar ni a suicidarnos a las cuatro ni a las cinco, ni ahora ni a deshoras. es interesante vivir y es interesante morir. no hagan de la vida y de la muerte una desgracia. todo es simple como el huracán y la guerra. déjennos el orgullo de la tierra y no conviertan este hermoso terrón de estiércol, oro, rosas convulsivas, hombre, energía nuclear, sexo, estroncio, brigitte bardot, verano, acetileno, catástrofe y maravilla en el valle de lágrimas y el reino triste del ascetismo. a su ortodoxia enfermiza oponemos los poderosos instintos animales, el amor sin estatutos, la digestión, el hígado, el pulso exacto de la sangre como un reloj suizo o bulova y la negación creadora. la juventud quiere deshipotecarle a colombia el corazón de jesús, en vista de que ustedes se la han adjudicado sin nuestro consentimiento, para girar cheques chimbos sobre la eternidad, sucursal de la federación de comerciantes en el cielo. prevenimos a la juventud para que no se deje embaucar por estos negociantes que viven cambiando pecados por limosnas, cosechas por oraciones, delitos por misericordia. ¡CUIDADO! que son los enemigos más peligrosos de la cultura, y les manifestamos que los delitos que se cometen contra el espíritu no quedarán impunes. ¡vivan los cohetes victoriosos! viva el sputnik ruso; arriba el thor able y su ratón. disparen contra la paloma del espíritu santo. que venga satanás y alce con nosotros a los profundos infiernos. ¡el demonio será siempre bienvenido! cristo, resucita, ven a pelear con los nadaístas contra los escribas y fariseos. Este manifiesto escrito en grupo, fue publicado como parte del sabotaje perpetrado por los nadaístas contra un congreso de escritores católicos celebrado en Medellín, en 1960, en el cual, esparciendo azafétida y yodoformo, consiguieron el propósito de desocupar el Paraninfo de la Universidad de Antioquia, donde estaban reunidas sesionando, algunas vacas sagradas. Fue un escándalo. A raíz de este acto terrorista del movimiento, Gonzalo Arango fue encarcelado en La Ladera junto con los más prestigiosos hampones y asesinos, para castigarlo por la osadía de enfrentar a los santos escribanos católicos. Luego, Gonzalo Arango escribió Diario de un presidiario nadaísta, publicado por entregas en un periódico bogotano, y después de 31 años en libro por la Gobernación de Antioquia, la misma institución que lo había hecho encarcelar para castigar la libertad de expresión y el espíritu desembrutecedor. Texto cortesía Fundación Casa del Nadaísmo Gonzalo Arango.
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Desbordamientos culturales en torno
al 15-M
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Amar, como diria Mario de Andrade, é verbo intransitivo. Será? |
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En cuanto a su filiación política, la I.S. entronca con la tendencia izquierdista o comunista de izquierdas y consejista que floreció en los años veinte en Europa y que también resurge lentamente después de la Segunda Guerra Mundial hasta alcanzar su momento de mayor aliento en torno al conjunto de movilizaciones que tienen como epicentro al mayo francés de 1968. En lo que respecta a la teoría, sin embargo, además de realizar un desarrollo y un replanteamiento del marxismo hegeliano de Historia y consciencia de clase de Georg Lukács, los situacionistas han de ser incluidos dentro de la línea de investigación que pretende repensar la teoría marxista de la ideología. Ellos, al igual que Gramsci, Marcuse o Althusser, intentaron romper con una concepción de la ideología que la describe como sistema de ideas y se esforzaron por considerar el carácter práctico y activo de la misma...
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| Al igual que en
Mallarmé el
blanco de la página se volvía significativo y la obra se
estructuraba en la relación entre los blancos y el negro de las
palabras, para John Cage la música se estructuraba en base a sonidos
y silencios. Cada uno de ellos requiere del otro para existir. El silencio,
sin embargo no es concebido aquí como una nada o la ausencia de
sonido sino, en todo caso, como la ausencia de una intensión o “propósito
sonoro”. Cage denuncia la tradicional jerarquía donde música
o sonido son los principales y el silencio lo secundario, el mero fondo.
Paradigmática es, al respecto, su pieza 4´33´´, en
la que el músico nos propone tomar conciencia del silencio y sus
propiedades. Pero la idea de “vacío” se presenta en Cage no sólo como el silencio en las composiciones sonoras. También ha trabajado esta noción en sus textos, en libros como, por ejemplo, Silence o Empty words. En su Lecture on nothing, por ejemplo, influida por el cubismo literario de Gertrude Stein, el texto se constituye como una composición absolutamente referencial y cerrada donde cada sección empieza con la siguiente frase: “Esta es una conferencia sobre una composición indeterminada respecto de su performance…” |
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Coffee Break Quiet coffee shop I hoped to meet you The river looks high My coffee is cold I walk to my truck |
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V. I. Lenin LA ENFERMEDAD INFANTIL DEL ‘IZQUIERDISMO’ EN EL COMUNISMO |
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Prólogo de Alan Woods “La historia en general, y la de las revoluciones
en particular, es siempre más rica de contenido, más variada
de formas y aspectos, más viva y más ‘astuta’ de
lo que imaginan los mejores partidos, las vanguardias más conscientes
de las clases más
avanzadas”. La enfermedad infantil del ‘izquierdismo’ en el comunismo
es una de las obras más importantes del marxismo. En muchos sentidos,
es la mejor obra de Lenin, ya que representa un resumen de toda la experiencia
histórica del bolchevismo. Cualquiera que desee entender la esencia
del método de Lenin debería estudiar detenidamente estas
páginas que, de una manera extraordinariamente clara y concisa,
explican el arte de la táctica y la ciencia de la estrategia en
la lucha de clases. La victoria de la Revolución de Octubre en Rusia dio un poderoso impulso, en un primer momento, a la formación de tendencias comunistas de masas dentro de los viejos partidos social demócratas y, más tarde, a la formación de partidos comunistas en un país tras otro. Pero los dirigentes de los nuevos partidos eran en su mayoría jóvenes sin madurez política y, aunque se inspiraron en la Revolución de Octubre, no tenían la misma experiencia que los bolcheviques y apenas conocían la historia, la teoría y la práctica del bolchevismo. Como consecuencia, cometieron muchos errores, generalmente de tipo ultraizquierdista. Para ayudarles a superar estas deficiencias y familiarizarse con la auténtica naturaleza del bolchevismo, Lenin escribió esta obra. Aunque fue publicada por primera vez hace casi 80 años, sigue siendo tan válida y relevante como el día en que fue escrita. Lenin dio mucha importancia a esta obra y, con su
acostumbrada atención al detalle, prestó una atención
personal a los plazos de corrección y edición del libro
de manera que pudiera ser publicado antes de la apertura del Segundo
Congreso de la Internacional Comunista, cuyos delegados recibieron
una copia cada uno. Entre julio y noviembre de 1920 el libro fue publicado
en Leipzig, en París y en Londres en alemán, francés
e inglés respectivamente. El fondo del libro queda claramente expresado en
el subtítulo del manuscrito original, Ensayo de discusión
popular sobre la estrategia y la táctica marxistas, que desapareció de
todas las ediciones publicadas en vida de Lenin. La clase obrera comienza a crear organizaciones
de masas para defender sus intereses. Estas organizaciones históricas
son los sindicatos, las cooperativas y los partidos obreros que representan
el germen de una nueva sociedad dentro de la vieja. Sirven para movilizar,
organizar, formar y educar a la clase. Presiones del capitalismo Las organizaciones creadas históricamente por el proletariado se han formado en el seno de la sociedad capitalista y están sometidas a las presiones del capitalismo, lo que inevitablemente produce deformaciones burocráticas. Las organizaciones nacidas en la lucha tienden a degenerar cuando la presión de las masas desaparece. Estas presiones se intensifican en periodos de auge económico o incluso durante booms temporales. Los trabajadores no se ponen a luchar porque sí. En condiciones en que la burguesía puede hacer concesiones y reformas temporales, los trabajadores tienden a buscar una salida individual, “trabajando duro”, echando horas extras, etc. Las presiones del capitalismo tienen sus efectos más perniciosos en las cúpulas del movimiento obrero, y la tendencia de la burocracia de las organizaciones obreras a separarse de la base y caer bajo la influencia de las ideas burguesas siempre se multiplica por mil cuando disminuye la presión de la clase obrera. Esta es una ley que puede demostrarse históricamente. Cuando los capitalistas pueden dar concesiones y reformas,
la mayoría de los trabajadores no ven la necesidad de participar
activamente en el movimiento. Eso lleva a una mayor degeneración
en la dirección que cada vez se divorcia más de las masas
y las bases del partido. Gradualmente, casi de manera imperceptible,
se pierden de vista los objetivos revolucionarios. Los dirigentes quedan
absorbidos en la rutina diaria de la actividad parlamentaria o sindical.
Llega un momento en que se encuentran teorías para justificar
este abandono de los principios. ![]() Marx y Engels Para un marxista, un partido revolucionario es, en primer lugar, programa,
métodos, ideas y tradiciones, y sólo en segundo lugar,
una organización y un aparato (que sin duda tienen su importancia)
para llevar estas ideas a amplias capas de los trabajadores. El partido
marxista, desde sus inicios, debe basarse en la teoría y el
programa, que es el resumen de la experiencia histórica general
del proletariado.
Lenin y la Segunda Internacional La Internacional Socialista (Segunda Internacional),
fundada en 1889, empezó donde había acabado la Primera
Internacional. A diferencia de esta, la Segunda Internacional empezó como
una internacional de masas que unió y organizó a millones
de trabajadores. Tuvo partidos y sindicatos de masas en Alemania, Francia,
Gran Bretaña, Bélgica, etc. Además, al menos de
palabra, defendió los principios del marxismo revolucionario.
Con esto, el futuro del socialismo parecía garantizado. No obstante, el único que realmente entendió el
papel del partido revolucionario fue Lenin. Incluso Trotsky, a pesar de
su correcta apreciación de las perspectivas para la revolución
rusa, estaba confundido en este aspecto hasta 1917. Rosa Luxemburgo era
una destacada revolucionaria que trataba de combatir la política
reformista de la dirección del SPD poniendo el mayor énfasis
en el movimiento espontáneo de la clase y la huelga general. Ella
entendía mejor que Lenin el papel de Kautsky y la llamada “izquierda” alemana
(en realidad centristas), principalmente porque los podía ver más
de cerca. Lenin en un principio tenia ilusiones en Kautsky y se definía
a sí mismo como un “kautskista ortodoxo” prácticamente
hasta la Primera Guerra Mundial. “La Tercera Internacional surge directamente de
la guerra imperialista. Es cierto que mucho antes, muchas tendencias diferentes
habían estado luchando dentro de la Segunda Internacional, pero
incluso las que estaban más a la izquierda, representadas por Lenin,
estaban lejos de pensar que la unidad revolucionaria de la clase obrera
sería creada mediante una ruptura total con la social democracia.
La degeneración oportunista de los partidos obreros, estrechamente
vinculada con el periodo de florecimiento del capitalismo en el cambio
de siglo, sólo se reveló completamente en el momento en que
la guerra planteó crudamente la cuestión: ¿Con la
burguesía nacional o contra ella?. El desarrollo político
dio un salto repentino en 1914: utilizando la frase de Hegel, la acumulación
de cambios cuantitativos de repente adquirió un carácter
cualitativo” (Trotsky, Escritos 1935-36). Después de la Revolución de Octubre, surgieron
tendencias comunistas en todos los viejos partidos social demócratas.
En Francia, los comunistas ganaron la mayoría del Partido Socialista
en el Congreso de Tours (1920). El ala de derechas se escindió con
30.000 miembros y el Partido Comunista se formó con 130.000. No
obstante, los viejos dirigentes reformistas mantuvieron una base entre
los sectores más atrasados e inertes de la clase. Los Socialdemócratas
alemanes se escindieron en Abril de 1917, cuando el ala centrista dirigida
por Kautsky fundó el Partido Social Demócrata Independiente.
Este partido centrista de masas a su vez se escindió en Octubre
de 1920, en el congreso de Halle. La mayoría se fusionó con
los espartaquistas para formar el Partido Comunista Alemán, un partido
de masas con 21 periódicos diarios. Acontecimientos similares ocurrieron
en Checoslovaquia, Italia, Bulgaria, Noruega y otros países. En el Segundo Congreso de la Comintern, Lenin y Trotsky
lanzaron una lucha contra la “enfermedad infantil” del ultraizquierdismo.
El Manifiesto del Segundo Congreso, escrito por Trotsky, declara: El ultraizquierdismo, reflejo de la impaciencia y la
inexperiencia, estaba extendido en sectores de los dirigentes comunistas
en Gran Bretaña, Alemania, Holanda e Italia. Las declaraciones más
comunes eran de rechazo al trabajo electoral parlamentario, al trabajo
en los sindicatos reformistas, y una actitud sectaria hacia los partidos
reformistas de masas. Lenin y Trotsky combatieron esas ideas abogando por
la táctica del Frente Único para tender un puente hacia las
masas de los obreros social demócratas. En el caso de Gran Bretaña,
fueron más lejos y plantearon que el PC británico debería
intentar afiliarse al Partido Laborista. |
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La
cuestión del parlamento |
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| El ‘tercer
periodo’ La mayoría de los partidos comunistas, al final, se convencieron de la corrección de la política de Lenin y, durante un tiempo, mediante la aplicación de ésta, obtuvieron muy buenos resultados. Por ejemplo, el PC británico logró tener un eco importante en el Partido Laborista e incluso consiguió tener diputados en el Parlamento británico en los años 20. Los partidos comunistas empezaron a abrirse camino hacia los obreros socialdemócratas en todas partes y si se hubiesen mantenido en la táctica de Lenin, el éxito de la revolución hubiese estado garantizado. Pero la degeneración estalinista de la Unión Soviética hizo estragos en las direcciones todavía inmaduras de los partidos comunistas en el exterior. Los zig-zags ultraizquierdistas de la burocracia rusa llevaron a la política del “tercer período” y del “socialfascismo”, con efectos desastrosos para la Comintern. El resultado más catastrófico se produjo en Alemania, donde la honda crisis social y económica a principios de los años 30 produjo una aguda polarización de la sociedad hacia la izquierda y la derecha. En 1932, el paro en Alemania alcanzó los cinco millones, produciéndose una fuerte caída de salarios y de los subsidios de paro. Aterrorizados por la amenaza de revolución social, los capitalistas alemanes empezaron a subvencionar a Hitler. No obstante, la aplastante mayoría de los obreros alemanes seguían fieles a sus organizaciones −el Partido Social Demócrata y el Partido Comunista−. Estos partidos tenían millones de votos. Además de sus sindicatos de masas, tenían milicias bien armadas que juntas sumaban un millón de personas. No obstante, en el momento de la verdad, quedaron paralizados. Hitler pudo jactarse en 1933 de haber llegado al poder “sin romper un cristal”. Durante todo este periodo, Trotsky exigió insistentemente que los comunistas y socialdemócratas alemanes formasen un frente único contra los Nazis. Siguiendo la línea defendida por Stalin y la Comintern, los dirigentes del Partido Comunista Alemán deliberadamente escindieron el movimiento obrero, caracterizando a los social demócratas de “socialfascistas”. Las advertencias de Trotsky a los miembros de los Partidos Comunistas cayeron en saco roto. La clase obrera alemana estaba escindida por la mitad. Los dirigentes del PC alemán lanzaron consignas como “golpear a los pequeños Scheidemanns en las escuelas”, ¡una invitación a los hijos de los miembros del PC a atacar a los hijos de los socialdemócratas! En 1931, cuando los Nazis organizaron un referéndum para derrocar al gobierno social demócrata en Prusia, los estalinistas se les unieron, bautizándolo como el “referéndum rojo”. La perniciosa política del “socialfascismo” tuvo como fruto el triunfo del nazismo en Alemania y la total destrucción de las organizaciones obreras. En otros países aplicaron las mismas locuras. En Gran Bretaña, el PC abandonó la política del frente único. Su dirigente Harry Pollit anunció que pertenecer al Partido Laborista era “un crimen equivalente a romper una huelga”. Como consecuencia, el PCGB perdió casi todo el apoyo que había ganado en el periodo anterior. En España, el PCE quedó reducido a menos de mil militantes en 1930. La victoria de Hitler en Alemania fue un punto de inflexión cualitativo. Stalin no quería que Hitler ganase, como tampoco deseaba la derrota de la Revolución China de 1925-27, pero su política hizo inevitable la derrota en ambos casos. Trotsky anticipó que la victoria de Hitler, que él había previsto sobre la base de la política de Moscú, provocaría una crisis en los partidos comunistas. Pero en 1933 el proceso de estalinización de la Comintern había llegado a tal punto que la vida interna estaba asfixiada. No hubo ninguna crisis, a duras penas una marejadilla, después de la mayor derrota de la clase obrera en toda la historia. No se sacó ninguna lección. Al contrario, los dirigentes estalinistas plantearon que Hitler era el preludio de la revolución en Alemania: “¡Después de Hitler es nuestro turno!”. Trotsky sacó la conclusión de que una Internacional que era incapaz de reaccionar ante una derrota de ese calibre estaba muerta. Posteriormente, siguiendo las órdenes de Stalin, la Internacional Comunista dio un giro de 180 grados y adoptó la política del “Frente Popular”. Esto no tenía nada en común con la política leninista del frente único obrero, sino que representaba una vuelta a las viejas políticas desacreditadas del menchevismo, basadas en la colaboración de clases con los liberales burgueses. Esto llevó a más derrotas terribles, especialmente en España. En 1943, Stalin, después de haber utilizado cínicamente la Internacional Comunista como instrumento de la política exterior de Moscú, decidió enterrarla sin pena ni gloria, sin ni siquiera convocar un Congreso. La herencia política y organizativa de Lenin recibió un duro golpe durante todo un periodo histórico. La traición de las ideas de Lenin por parte de la burocracia estalinista en Rusia, la mayor traición de toda la historia del movimiento obrero, ha llevado ahora a su conclusión lógica: a la destrucción de la URSS y al intento de la casta burocrática dirigente de ir en dirección al capitalismo. Pero esa no será la última palabra. En Rusia se está preparando una explosión social que, posiblemente en un futuro no muy lejano, pondrá en el orden del día una vuelta a las tradiciones de 1917. A escala mundial, la crisis del capitalismo está entrando en una nueva etapa convulsiva. La revolución en Indonesia es sólo el primer acto de un drama que se desarrollará en los próximos meses y años y encontrará una expresión en Europa y Norteamérica. Crisis del reformismo Hoy en día, casi 80 años después de su publicación, La enfermedad infantil sigue siendo un pilar fundamental de la teoría y práctica del marxismo en su lucha por ganar a las masas. La aparente vitalidad del reformismo de derechas en el periodo posterior a la Segunda Guerra Mundial, por lo menos en los países capitalistas avanzados, fue simplemente una expresión del hecho de que el capitalismo pasó por un periodo prolongado de expansión, similar al de los veinte años que precedieron a la Primera Guerra Mundial. Pero este periodo ha llegado a su fin. La crisis en Asia, la agonía prolongada del capitalismo japonés y el inevitable colapso que se está preparando en la bolsa de valores en EEUU, anuncian un periodo nuevo y convulsivo a nivel mundial. En estas condiciones la conciencia de millones de personas se transformará. Bajo condiciones de crisis convulsiva del capitalismo, es impensable que las organizaciones tradicionales de masas de la clase obrera no vayan a verse afectadas. La tendencia hacia la polarización entre las clases inevitablemente encuentra su expresión en una creciente polarización hacia la derecha y hacia la izquierda en los partidos socialistas, dando lugar a convulsiones internas, crisis y escisiones. Llegados a cierto punto, este proceso da lugar a corrientes reformistas de izquierdas o centristas de masas. Para los marxistas, el término “centrista” no es un insulto, sino que tiene un contenido científico, describiendo una tendencia que está a medio camino entre el reformismo de izquierdas y el auténtico marxismo revolucionario. En el periodo revolucionario de 1917 a 1923 surgieron corrientes centristas de masas en la mayoría de los partidos de la Segunda Internacional formando las bases para la creación de los partidos de masas de la Internacional Comunista. En ese momento, la existencia de un poderoso polo de atracción en la forma de la Revolución de Octubre significó que un gran número de obreros avanzados fueron ganados rápidamente a la bandera del marxismo revolucionario. A principios de los años 20, el problema de llegar a los obreros socialdemócratas se resolvió con la política de Lenin del frente único. Esta táctica, resumida en la expresión “marchar separados, pero golpear juntos”, permitió a los comunistas construir puentes hacia la base de las organizaciones reformistas. En condiciones de crisis social general, el reformismo de derechas entra en crisis, pasando de reformas a contrarreformas. En esas condiciones, crisis y escisiones en los partidos reformistas son inevitables, al igual que el surgimiento de corrientes centristas y reformistas de izquierdas: “Desde un punto de vista histórico, el reformismo ha perdido completamente su base social. Sin reformas no hay reformismo, sin un capitalismo próspero no hay reformas. El ala reformista de derechas se convierte en antirreformista en el sentido en que ayuda a la burguesía, directa o indirectamente, a aplastar las viejas conquistas de la clase obrera”. (Trotsky, Escritos, 1933-34.) El leninismo y el futuro del proletariado Durante casi todo el periodo posterior a la Segunda Guerra Mundial, la socialdemocracia estuvo dominada por el ala de derechas. Esto reflejaba, en parte, el colapso de la autoridad moral y política del marxismo, pero principalmente era una expresión de la situación objetiva y del hecho de que el reformismo parecía estar funcionando. Incluso en el Estado español, el gobierno PSOE de Felipe González cuando fue presionado por la movilización de la clase obrera se vio obligado a hacer ciertas concesiones, gracias al boom de 1982-90 y a las subvenciones de la UE. Pero la derrota del PSOE y el desarrollo de la crisis del capitalismo están empezando a cambiar la situación lentamente. Después de un largo periodo en el gobierno, el PSOE está prácticamente vacío. Pero incluso antes de un movimiento importante de los trabajadores, se están abriendo fisuras en la dirección. La inesperada victoria de Borrell es un reflejo del malestar en las bases contra la extrema derecha, los “renovadores”, que quieren romper el vínculo con el socialismo y la clase obrera, y transformar el PSOE en un partido abiertamente burgués. Por el momento, la escisión en la dirección del PSOE aparece simplemente como un conflicto entre diferentes fracciones de la burocracia, con poco o ningún contenido político. Pero eso puede cambiar muy rápidamente. En un momento dado, los componentes de la extrema derecha, como González, pueden ir a parar fuera del partido, preparando el terreno para un importante giro a la izquierda. La política de derechas del PSOE llevó a la derrota del gobierno González y a la elección de Aznar. Esto debería de haber provocado un auge en el apoyo a Izquierda Unida y el Partido Comunista. Pero la precondición necesaria para esto es adoptar una política marxista que diferencie claramente a IU del PSOE, ofreciendo al mismo tiempo un frente común al Partido Socialista contra Aznar. Esta es la única manera de ganar a las masas de trabajadores que están buscando una auténtica alternativa socialista. En las condiciones actuales, el trabajo en los sindicatos asume una importancia vital. Pero como Trotsky explicó en uno de sus últimos artículos, en la época del imperialismo, los dirigentes sindicales tienen una tendencia orgánica a fusionarse con el Estado burgués. Nada les gustaría más a los dirigentes sindicales españoles, tanto de UGT como de CCOO, que un pacto permanente con Aznar, esto es especialmente cierto en el caso de Gutiérrez, el dirigente de derechas de CCOO. Pero todos los intentos están condenados al fracaso. Aunque en el último periodo las direcciones sindicales han firmado numerosos acuerdos con el PP, esto no será duradero. La política de paz social y desmovilización se romperá rápidamente abriendo un nuevo periodo de conflicto de clases. El temperamento revolucionario de los obreros españoles quedó demostrado en la huelga general de 24 horas del 14 de diciembre de 1988. Eso fue sólo un ensayo de lo que va a suceder en el próximo periodo. Durante un periodo de tiempo, el Estado Español ha conseguido una tasa de crecimiento relativamente alta. Pero este crecimiento disfraza la situación real. La próxima recesión va a golpear a España más duramente que al resto de Europa, dejando cruelmente al descubierto la debilidad del capitalismo español. Este hecho es la clave para el próximo capítulo de la historia española. Los dirigentes sindicales, muy a pesar suyo, se verán forzados a pasar a la oposición, abriendo el camino a un nuevo periodo de radicalización. En esas condiciones, el apoyo a las ideas del marxismo crecerá entre los trabajadores avanzados y la juventud. Es necesario armar a la nueva generación con las ideas, métodos y tradiciones del marxismo, para que puedan aprovecharse de la situación y construir un movimiento de masas capaz y decidido a llevar adelante la transformación socialista de la sociedad. Para eso es indispensable un profundo conocimiento de La enfermedad infantil del ‘izquierdismo’ en el comunismo de Lenin. |
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Alan Woods Londres, 27 de julio de 1998 |
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A la huelga, madre, yo voy también Otra reforma laboral... Otro puñetazo más. ¿Cuántos
llevamos? ¿Y cuántos hemos devuelto...? Y tu vida pasando
mientras escuchas la misma monserga: estudia, trabaja, esfuérzate
aún más, no protestes, cómprate un coche y una
casa, sé alguien... ¿y ahora? Todo aquello para lo que
te educaron se revela como una mentira, pero desprenderse totalmente
de ellas en un mundo que se construye sobre la falsificación
es una tarea titánica.
Y piensas qué hacer... quizás marchar a Alemania,
a buscar en el «paraíso» europeo esa abundancia
de mercancías y entretenimiento barato que nos vendieron durante
años como la prosperidad y la felicidad (aderezadas con antidepresivos
y otras drogas). Si aún crees en las oportunidades del capitalismo
puedes matarte a trabajar y soportar todo lo que te echen (reformas,
recortes, humillaciones) para aspirar a ser alguien. Pero hipotecas
tu vida en vano. La sociedad del consumo es una ilusión que
se nutre de una energía barata que empieza a escasear. Los de
arriba lo saben y por eso se están blindando. Están dispuestos
a quemar el mundo antes que renunciar a los beneficios. Humo es lo
que queda.
Puedes consolarte repitiendo que las reglas del Mercado o las del
Estado acabarán por reconducir la situación. Solo te
engañarás a ti mismo. Y golpe tras golpe quizás
te encuentres de pronto en medio de un mundo en guerra declarada contra
ti por ser pobre, parado, inmigrante o poco productivo. Ya está sucediendo.
Así pues, puedes seguir haciéndoles caso: tratar de
ser más competitivo, esforzarte aún más, exigir
más seguridad y mano dura, delatar a tus compañeros perezosos
y a tus vecinos sedicentes, currar más horas extra gratis y
chuparle la polla a un directivo si te lo piden... ¿y todo para
qué? Al final solo eres lo que tienes, poca cosa... O puedes
intentar recuperar tu vida: encontrar a gente que siente cosas parecidas
a las que se te vienen a las tripas en los últimos tiempos,
compartir rabia, experiencias, emociones y alternativas, organizarte
y luchar por tener una vida que puedas considerar libre. Es difícil
combatir un sistema cuyos tentáculos llegan a cada rincón
de la vida. Y más difícil aún es salir de él,
pero cada parcela de libertad que recuperamos, por pequeña
que sea, nos hace crecer y nos demuestra que podemos tomar las riendas
de nuestras vidas en su totalidad. |
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El espacio público (en el sentido de común y compartido)
es el espacio de la batalla por la vida que se puede librar en cualquier
lugar y momento. Pero en ocasiones, la confluencia de gentes y sus pasiones
y deseos pueden potenciar estallidos (grandes como revoluciones o más
pequeños, pero valiosos siempre). Existen momentos propicios en
los que las experiencias comienzan a madurar y la rabia alcanza el punto
de ebullición, la autoorganización y la acción autónoma
abren el camino. La huelga general puede abrir esa válvula y permitir
encontrarnos en las calles para negar lo existente y acercarnos a algo
distinto.
Sabes que una huelga general no cambia nada de por sí. Y además
la convocan los mismos que firmaron pacto tras pacto, colaboradores necesarios
para la continuidad de lo existente, aquellos que también te decían
que estudiases y te esforzases y así serías recompensado... ¿Qué dicen
ahora? Da igual, todos mienten. Es posible que ni siquiera puedas hacer
la huelga en tanto que trabajador (por ser parad@, am@ de casa, estudiante,
currante sin contrato, becari@...). Pero una huelga es algo más
que no ir a trabajar un día. Lo importante es lo que se vive y
lo que se crea, es el encuentro y las experiencias que surgen de él.
Ahí radica el éxito o el fracaso de una huelga y no en
las cifras de seguimiento o en la mani-desfile de la tarde. Es en la
desobediencia, la solidaridad y el sabotaje colectivos donde podemos
encontrarnos y romper la normalidad asfixiante. Ahí radica el
punto de ruptura, donde una huelga general puede pasar de ser una pantomima
a convertirse en una revuelta y abrir el camino lleno de mil vericuetos
hacia una situación revolucionaria. Quizás suene lejano
y nos llene de incertidumbre tan solo la palabra, pero es el único
camino, la única alternativa a la barbarie capitalista.
Hacer consciente la realidad de un mundo en quiebra. Tomar las calles,
liberarlas de la mercancía y abrirlas a la comunicación
y la acción colectivas. Te hablarán del derecho individual
a ir a trabajar, del respeto a los que no hacen la huelga, de la libertad
de elección... ¿qué libertad puede haber si todos
vivimos sometidos a los imperativos del Dinero? La libertad se gana y
son muchos años los que llevamos perdiendo. Quien está satisfecho
con este mundo está tan enfermo como él. Ahora eres tú quien
decide cómo actuar y cómo organizarte, con tus colegas,
con tus vecinos del barrio, con tus compañeros de curro... Las
formas de acción son muchas y lo que hagas ese día solo
te incumbe a ti y a los tuyos. Piensa, golpea y vuela para reaparecer
más lejos y continuar golpeando. Coordínate con otros,
habrá puntos de reunión y centros de información
y organización en los barrios, allí puedes compartir experiencias,
dudas e información.
Hay muchas formas de actuar. Una de ellas es la huelga de consumo.
Hoy prácticamente todo es mercancía, nuestra pobreza no
radica solo en que tengamos menos dinero que hace unos años, sino
especialmente en que somos más dependientes que nunca de él
porque todo se vende y se compra. Así nos obligan a empeñar
nuestras vidas en un curro de mierda o a mendigarlo si no lo tenemos.
Somos esclavos. Rompamos ese círculo vicioso y pensemos en aquello
que de verdad necesitamos (aún debemos indagar en ello), tomémoslo
y compartámoslo, lo demás ya no nos consuela. La Economía
condiciona y paraliza nuestras vidas, démosle la vuelta y mientras
ellos calculan las pérdidas disfrutemos de la fiesta. En todos
los barrios habrá comedores populares en los que compartir descanso,
alimento, experiencias y prácticas. Y si hace falta algo, róbalo,
ellos te roban a diario la vida y no sufren remordimientos.
Si no puedes acudir a la huelga porque estás sin contrato y
el cabrón de tu jefe te tiene fichado siempre puedes practicar
el pequeño sabotaje (el día de la huelga y el resto del
año): roba, deteriora material, no des ni clavo ese día,
déjale mensajes insultantes a tu jefe o pínchale las ruedas
del coche... Y, por supuesto, extenderlo más allá del
trabajo.
La Economía nos jode la vida, jodamos un poco a la Economía.
Y al que te largue el sermón de que con eso solo perjudicas la
recuperación económica prueba a pincharle a ver si despierta
de su sueño. El pasado no volverá y el futuro no existe
y solo junt@s podemos tomar el presente.
Pero para que esto no sea solo una anécdota, un recuerdo, hay
que construir alternativa. Hay que darle una continuidad a la lucha (¿y
si siguiésemos con la huelga al día siguiente?) y a las
prácticas autónomas. Hay que abrir grietas en este mundo.
Que el dinero, al menos en algunos ámbitos, deje de ser rey y
señor. Logremos parcelas de autonomía y autosuficiencia
en barrios y pueblos ¿os imagináis un pueblo gestionando
autónomamente el agua?, pues fue así durante siglos, tanto
nos han robado... Huertos colectivos, cooperativas, trueques, iniciativas
de autogestión de la salud, okupaciones... ¡adelante! Pero
no olvidemos que hay que quebrar los muros de la Ciudad (de la Economía),
no basta con salirse de ellos. Los viejos anarquistas decían destruam
et aedificabo... La tarea es doblemente dura: romper el cuello de
la hidra y crear un mundo nuevo prácticamente de la nada. Pero
nos va la vida, y algunos todavía la amamos.
Por la extensión de la revuelta, 29 M ¡a la huelga! |
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| INFORMACIÓN MANIPULADA | ||||
Por lo que se refiere a las formas y a la naturaleza misma de la propaganda educativa, existen muchas opiniones en conflicto, generalmente inspiradas por una u otra variedad de política reformista de moda actualmente. Desde nuestro punto de vista las premisas de la revolución, tanto a nivel cultural como estrictamente político, no sólo están maduras, sino que han empezado a pudrirse. No sólo es reaccionario el retorno al pasado; también los objetivos culturales "modernos" en la medida en que dependen en realidad de formulaciones ideológicas de la sociedad que han prolongado su agonía mortal hasta el presente. Sólo la innovación extrema está justificada históricamente. Ante este catastrófico y provechoso revoltijo, en el que cada
repetición tiene sus discípulos, cada regresión
sus admiradores, cada remake sus fanáticos, un simple grupo manifiesta
una oposición universal y una rebeldía plena en nombre
de la necesidad histórica de superación de los viejos valores.
Una suerte de optimismo invertido ha tomado el lugar de la negación,
afirmándose a sí mismo más allá de la negación.
Es necesario reconocer el papel saludable que Dada asumió en otra época,
a pesar de sus muy diferentes intenciones. Se nos dirá que no
es un proyecto muy inteligente restaurar el Dadaísmo. Pero no
es cuestión de reproducir el Dadaísmo. El serio retroceso
de los políticos revolucionarios, relacionado con la notoria debilidad
de la estética de la clase trabajadora confirmada en la misma
fase retrógrada, ha llevado la confusión a todos los campos,
una confusión que pronto cumplirá treinta años.
En el plano espiritual, la burguesía ha estado siempre en el poder.
Tras serias crisis, su monopolio está mucho más extendido
que antes: todo lo que actualmente se imparte en el mundo - ya sea literatura
capitalista, social-realista o falsa vanguardia formalista que se alimenta
de configuraciones que han caído en el dominio público,
o la dudosa y teosófica agonía de ciertos movimientos emancipadores
recientemente surgidos - se alza enteramente sobre el espíritu
pequeño-burgués. Bajo la presión de las realidades
de la época es necesario terminar con ese espíritu. Desde
esta perspectiva todos los medios son buenos. “no te pegan porque hayas hecho nada malo, / te pegan porque
no puedes devolver los golpes / ni tienes a nadie / que los devuelva
por ti”
“Sólo yo camino por el centro de la calle /sin paraguas
/ mojándome”
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